En la ciudad de Toulouse, la Galerie le Château d'Eau acoge la exposición Helena Almeida | Chema Madoz. Diseños habitados, una propuesta que podrá visitarse hasta 23 de agosto y que invita a entrar en la trastienda de la creación artística. Más que una muestra de obras terminadas, el proyecto se centra en aquello que habitualmente permanece oculto: los bocetos, las ideas en germen y los objetos en transformación.
La exposición articula un diálogo inesperado entre dos figuras fundamentales de la fotografía contemporánea: Helena Almeida y Chema Madoz. Aunque sus trayectorias y estéticas difieren profundamente, el proyecto revela una afinidad esencial: ambos entienden la imagen como un espacio de construcción mental antes que como mera representación del mundo.
La muestra pone en relación dibujos, cuadernos, objetos intervenidos y materiales preparatorios que rara vez se exhiben. En ese territorio íntimo, la fotografía aparece como consecuencia final de un pensamiento visual previo, casi siempre silencioso.

El título Diseños habitados retoma una idea clave en la obra de Helena Almeida, vinculada a su serie Desenho habitado. El concepto de 'diseño' se entiende aquí en su sentido más amplio, cercano al Renacimiento: dibujo, proyecto y proceso mental convergen en una misma acción creativa.
Lejos de ser simples ejercicios preparatorios, los bocetos adquieren autonomía estética. Funcionan como huellas del pensamiento, fragmentos donde la idea todavía respira sin resolverse del todo.
En el caso de Almeida, el cuerpo y la imagen se entrelazan en una investigación constante sobre la presencia, la teatralidad y la huella. Sus intervenciones —a veces apenas perceptibles mediante pinceladas o trazos— introducen una dimensión física que tensiona la frontera entre fotografía y acción.
En paralelo, la obra de Chema Madoz se despliega desde una lógica de laboratorio poético. Sus cuadernos personales, mostrados en esta exposición junto a objetos construidos a mano, revelan el origen de un universo visual donde lo cotidiano se resignifica. Un reloj, una cuerda o una escalera se transforman en dispositivos de pensamiento, cargados de ironía y ambigüedad.

Uno de los ejes de la exposición es la reivindicación del proceso creativo como parte esencial de la obra. En ambos artistas, el boceto no es un simple paso previo, sino un espacio autónomo donde la idea se prueba, se contradice o se abandona.
En Madoz, esta lógica desemboca en imágenes de fuerte depuración formal, donde el blanco y negro elimina cualquier distracción y concentra la atención en la idea. Cada fotografía funciona como una construcción casi escultórica, donde nada es accesorio.
Su trabajo dialoga además con una sensibilidad cercana al surrealismo: las asociaciones inesperadas y las paradojas visuales generan una poética del desconcierto, abierta a múltiples interpretaciones.
El proyecto ha sido comisariado por Pepe Font de Mora, quien propone una lectura cruzada entre ambos autores a partir de su pertenencia histórica a la colección de Foto Colectania. La exposición subraya así no solo las diferencias estilísticas, sino también una sensibilidad compartida hacia lo íntimo, lo procesual y lo inacabado.
Diseños habitados no busca explicar la obra de Almeida y Madoz, sino acercarse al instante anterior a su materialización. Ese momento en el que la idea todavía es frágil, mutable y abierta.
Al reunir estos materiales inéditos, la exposición propone una reflexión más amplia sobre la creación artística: no como resultado, sino como proceso continuo de traducción entre lo imaginado y lo visible.