La artista y activista shipibo-konibo Olinda Silvano Inuma presenta Nokon kenera jatibian biribirishamanai (“Mi kené brilla al mundo”), su primera exposición individual en el MALI, una muestra que recorre más de una década de exploración artística y reafirma la vigencia del kené como lenguaje de conocimiento, memoria y creación contemporánea.
Comisariada por María Eugenia Yllia, la exposición propone un acercamiento a la trayectoria de una creadora cuya obra ha despertado creciente interés en los circuitos artísticos locales e internacionales. El título de la muestra reivindica tanto la lengua shipibo-konibo como el kené, complejo sistema visual compuesto por infinitas tramas geométricas que, según la tradición amazónica, materializa los conocimientos transmitidos por los sabios vegetalistas.
Durante las últimas décadas, este lenguaje ancestral ha trascendido sus territorios de origen para insertarse en el ecosistema global del arte contemporáneo. En ese proceso, Olinda Silvano se ha convertido en una de sus principales embajadoras.

Aunque la exhibición no sigue estrictamente un orden cronológico, permite reconstruir los momentos decisivos que marcaron su desarrollo artístico. Uno de ellos ocurrió en 2011, cuando inició proyectos vinculados a la moda y al arte textil junto a la diseñadora Anabel de la Cruz. Aquella experiencia abrió nuevas posibilidades para la aplicación del kené más allá de los soportes tradicionales.
Sin embargo, un punto de inflexión llegó con el encuentro del curador y antropólogo César Ramos Aldana. Su influencia fue fundamental para que Silvano reconociera el valor artístico de los saberes heredados de su cultura. Gracias a ese diálogo, conoció la histórica Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú y comenzó a cuestionar la idea de que los conocimientos indígenas ocupan un lugar subordinado frente a la formación académica occidental.
A partir de entonces, surgieron intercambios y colaboraciones con artistas como Julia Ortiz, Carolina Estrada, Harry Chávez, Augusto Ballardo, Pepe Corzo, Naty Muñoz y Julio Vega, quienes contribuyeron a enriquecer su lenguaje visual y consolidaron una red de vínculos afectivos y creativos.
Otro encuentro decisivo fue el que sostuvo con la antropóloga y artista Alejandra Ballón. Juntas iniciaron en 2015 una experiencia pionera de pintura mural que transformó el kené en un lenguaje capaz de dialogar con el espacio urbano. Esta práctica derivó en la creación del Colectivo Soi Noma, integrado inicialmente por las muralistas Wilma Maynas y Silvia Ricopa.
Más que una propuesta estética, el muralismo shipibo-konibo se consolidó como un movimiento artístico y político que visibiliza las voces de las mujeres indígenas en el espacio público y ha llevado su trabajo a escenarios internacionales.

La etapa más reciente de la producción de Silvano revela una nueva evolución formal. En colaboración con su hijo, el artista Ronin Koshi, desarrolla composiciones de geometrías precisas y colores vibrantes que destacan por la limpieza de sus formas y la intensidad de su cromatismo.
Esta transformación estuvo vinculada a su participación en Río Corrientes, laboratorio de creación impulsado por el artista Christian Bendayán, donde experimentó con nuevos formatos y técnicas, entre ellas la serigrafía. Fue también en este contexto donde incorporó materiales como el pan de oro y el pan de plata, elementos que potencian visualmente el brillo característico de su kené y amplían las posibilidades expresivas de su obra.
La exposición evidencia así un recorrido que va desde los primeros trabajos realizados con pigmentos naturales —empleados para narrar historias y testimonios vinculados a su experiencia y memoria cultural— hasta obras recientes que incorporan acrílicos, objetos industriales y múltiples texturas. Este tránsito no representa una ruptura con la tradición, sino su expansión constante.