La más reciente exposición dedicada a Santiago Yahuarcani (Pebas, Perú, 1960), bajo comisariado de Amanda Carneiro en el Museo de Arte de São Paulo Assis Chateaubriand, reúne cerca de treinta pinturas —incluyendo obras inéditas— y confirma el creciente reconocimiento internacional del artista. Este impulso se intensificó tras su participación en la 60ª Bienal de Venecia, donde su trabajo captó la atención tanto del público como de la crítica especializada.
Originario de Pebas, en la Amazonía peruana, Yahuarcani pertenece al pueblo Uitoto. Su práctica pictórica está profundamente arraigada en las tradiciones orales, la cosmología y la cultura visual de su comunidad. Más que una exploración estética, su obra constituye una forma de conocimiento: un espacio donde la memoria familiar, la historia y la imaginación convergen para dar lugar a nuevas formas de narrar lo indígena.

Uno de los ejes centrales de su producción es la historia de su propia familia, marcada por el desplazamiento, la violencia y la supervivencia durante el ciclo del caucho en la Amazonía. Lejos de presentarse como un relato lineal, estas experiencias emergen en sus pinturas como imágenes densas, cargadas de simbolismo, que funcionan simultáneamente como archivo y como acto de resistencia. En ellas, Yahuarcani reconfigura la historia desde una perspectiva situada, desafiando los relatos hegemónicos.
El uso de materiales tradicionales —como pigmentos naturales y la llanchama, una tela elaborada a partir de la corteza de árboles amazónicos— refuerza su vínculo con el territorio y subraya la dimensión política de su práctica. La materialidad misma de la obra se convierte en testimonio de una relación viva con la selva, lejos de las lógicas extractivistas que históricamente han afectado a la región.
Organizada en colaboración con el Museo Universitario del Chopo (Ciudad de México) y The Whitworth (Manchester), la exposición que se podrá ver hasta el 2 de agosto, no solo amplía el alcance del artista, sino que también pone en el centro del debate contemporáneo las narrativas indígenas como formas legítimas y urgentes de producción de conocimiento. En este sentido, el trabajo de Yahuarcani no solo dialoga con el arte contemporáneo global, sino que lo interpela, proponiendo otras maneras de ver, recordar y contar.