Mientras todavía se puede visitar en Ca n'Oliver de Maó la exposición Josep Bagur, humanismo y resiliencia , el mundo del arte menorquín ha despedido al pintor Josep Bagur Corominas, fallecido en Maó a los 66 años. La muestra, impulsada por el Consell Insular, toma ahora una dimensión de homenaje póstumo a un creador, divulgador y formador que entendió el arte como una herramienta de pensamiento y transmisión cultural.
La retrospectiva, integrada por 59 piezas, sintetiza una trayectoria extensa y diversa que se inicia en el interés temprano por el arte a partir de la lectura de cómics. Este origen, aparentemente alejado de los circuitos académicos, se convierte en el punto de partida de una carrera marcada por la pluralidad de lenguajes y una constante voluntad de experimentación.
Bagur construyó un universo pictórico propio, en el que la figura, la luz y el color funcionan como instrumentos de una exploración sostenida sobre la identidad y la experiencia humana. Su obra, profundamente simbólica, se articula en torno a un mensaje humanista que pone en el centro la fragilidad, la dignidad y la capacidad de resistencia de las personas.

El comisario de la muestra, Carlos Jiménez, le define como un "pintor atípico", alejado de la adscripción a un único estilo. Según explica, su obra se caracteriza por una gran fuerza expresiva y un carácter muy personal, capaz de transmitir intensidad emocional y reflexión a la vez. Esta impronta le permite articular un discurso profundamente humanista, en el que la pincelada adquiere un valor plástico destacado, pero también un fuerte componente simbólico.
La trayectoria de Bagur ya había sido reconocida anteriormente en Ciutadella, en una iniciativa del Consejo Insular de Menorca para poner en valor su aportación artística, como figuras destacadas como Pepe Vives Campomar, Toni Vidal o Matías Quetglas. En este contexto, se le reconoce como un creador culto, riguroso y erudito, capaz de establecer puentes entre la tradición pictórica clásica y las sensibilidades contemporáneas.
Su recorrido expositivo incluye hitos destacados, como su primera muestra individual en 1995 en la sala de cultura de Sa Nostra, así como su participación, en 1986, en una exposición en el Palacio Solleric de Palma junto a José María Yturralde. Al año siguiente intervino en un proyecto dedicado a la percepción visual en el arte, consolidando así una trayectoria también vinculada a la reflexión y divulgación artística.
Más allá de su producción pictórica, Bagur desarrolló una intensa labor como promotor cultural y difusor de las artes, una vocación que mantuvo hasta los últimos años a pesar de las dificultades visuales que condicionaban su actividad. Esa dimensión pedagógica y humanista ha sido una constante en su trayectoria.