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Editorial

Sacudida radical en los museos y centros de arte catalanes

Sacudida radical en los museos y centros de arte catalanes

Ha habido un movimiento sísmico en los museos y centros de arte catalanes. En pocos meses se han acumulado relevos, dimisiones y finales de mandato que reconfiguran el ecosistema institucional. No es una suma de anécdotas. Es una profunda reordenación del sistema. En el Museu Picasso, Emmanuel Guigon deja un museo bien posicionado internacionalmente. Más allá de las rumorologías sobre su carácter, sus contactos y su capacidad de proyección, ha dejado una impronta clara. La llegada de Rosario Peiró deberá gestionar ese legado y redefinir el relato.

En el Museo del Diseño de Barcelona, el relevo de José Luis de Vicente por Luis Nacenta no es sólo un cambio de nombre. La etapa de Vicente desplazó al centro de gravedad hacia un espacio de debate sobre crisis climática, tecnología y transformación social. Generó complicidades, pero también roces. El debate sobre qué debe ser hoy un museo —y hasta dónde debe llegar en su función crítica— sigue abierto. El MACBA afronta la salida de Elvira Dyangani Ose. Dirigir el MACBA es gobernar una estructura compleja, con vis-à-vis institucional entre museo y fundación y con exposición pública constante. Dyangani Ose impulsó un giro discursivo con acento decolonial y comunitario. También vivió tensiones internas y salidas relevantes, como la de Maria Antònia Perelló, hoy directora de la Fundació Miró Mallorca. La aceptación de la dirección de la Bienal de Arte Público de Abu Dhabi es lo que activa la incompatibilidad y precipita el final de su mandato, una incompatibilidad que el consorcio le ha tenido que recordar formalmente. Más allá de la formalidad jurídica, la decisión abre un debate evidente: una directora que ha defendido con convicción paradigmas críticos y decoloniales proyecta ahora su labor en un contexto institucional que difícilmente responde a los estándares democráticos europeos. Si esto acaba siendo una operación de blanqueo cultural o una posibilidad real de apertura, el tiempo lo dirá.

La Fundació Antoni Tàpies inició en 2023 un giro significativo con el nombramiento de Imma Prieto en sustitución de Carles Guerra. El cambio no es sólo nominal: de Fundació a Museu Tàpies, con voluntad de actualizar el proyecto y dar centralidad a los nuevos feminismos. La etapa de Guerra fue intensa pero también marcada por tensiones estructurales y de tesorería. La Fundació Joan Miró afronta la repentina salida de Marko Daniel en medio de dinámicas internas complejas. Sara Puig, al frente del patronato, desempeña una labor de cohesión relevante en este momento de transición.

En el Museo Nacional de Arte de Catalunya, el MNAC, la dirección de Pepe Serra se mantiene a pesar de los embates estructurales que han sacudido el debate museológico del país. Las reflexiones de Manuel Borja-Villel, a raíz del encargo del Departament de Cultura para repensar el modelo museístico catalán, han generado tensiones. Un informe trabajado, pero todavía no presentado públicamente, ha alimentado especulaciones sobre el futuro del sistema. En una reciente entrevista, Borja-Villel apuntaba que muchos museos contemporáneos parecen hablar más de la muerte que de la vida. Una provocación intelectual que interpela directamente al modelo institucional vigente.

También ha habido cambio en el Museo de Arqueología de Cataluña. La salida de Jusèp Boya —aranés— fue repentina y nada gentil. Uno de los diseñadores del Plan de Museos de Cataluña, Boya había desplegado una labor brillante de internacionalización y proyección. El relevo abre una nueva etapa con Mònica Borrell, procedente del Museo Nacional Arqueológico de Tarragona. En el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica de Catalunya, el MNACTEC, con sede en Terrassa, la sustitución de Jaume Perarnau por Albert Tulleuda Lari marca también un cambio de ciclo. Perarnau había consolidado una red del sistema de museos industriales espectacular, con una ingente labor sobre el terreno en todo el país, articulando patrimonio, territorio y memoria productiva. Su salida no fue especialmente amable. Tulleuda llega con experiencia en gestión patrimonial y tendrá que consolidar un proyecto que conecte memoria industrial y contemporaneidad.

Lo siento porque perfiles como Perarnau, Boya o Josep Manuel Rueda —también recientemente jubilado— son activos que el país no puede menospreciar. Son trayectorias con experiencia, memoria institucional y criterio, perfiles que podrían ejercer perfectamente de “senadores” en un futuro Consejo de Sabios sobre museología. No vayamos tan sobrados de capital intelectual en este ámbito.

En el Centro de Arte Tecla Sala, en L'Hospitalet, se abre también un nuevo escenario. Antoni Perna, pintor y director durante muchos años, se jubiló. Su etapa ha dejado un poso impresionante en la recuperación y visibilización de autores nacionales de primer nivel. Ahora se abre un proceso de relevo que marcará el futuro del centro. En Girona, en el Museu d'Art, la dirección se encuentra en situación de prórroga mientras se espera la apertura del concurso público. Carme Clusellas tiene la voluntad de volver a presentarse. Su etapa ha hecho una apuesta clara por visibilizar el papel de la mujer en la creación y por trabajar efemérides que otros museos nacionales no habían abordado. Desde una centralidad como Gerona, ha sabido vertebrar relato y programación con ambición propia.

En el Museo de Arte Jaume Morera de Lleida, después de inaugurar el nuevo espacio y culminar veinticinco años de incansable trabajo de Jesús Navarro, se abre ahora un relevo generacional. El museo llega a este momento con el trabajo estructural realizado, lo que representa una ventaja competitiva para quien asuma la nueva dirección. El Bòlit inicia el ciclo de Oriol Fontdevila después de la etapa de Íngrid Guardiola. Guardiola construyó un proyecto coherente y reflexivo. Fontdevila asume el reto con la exigencia de consolidar incidencia territorial.

En cuanto a la Fundación Lluís Coromina Isern, este año se ha presentado en la Feria ARCO de Madrid el proyecto del Museo Centro de Arte Contemporáneo del Pla de l'Estany, diseñado por el arquitecto y escultor Josep Miàs. Inspirado en modelos como Chillida Leku o Louisiana Museum, el proyecto prevé integrar casi cuatro hectáreas de entorno natural con pabellones que dialogarán entre arte antiguo y contemporáneo. Es un proyecto que tengo el gozo de dirigir desde hace quince años, desde su formación, y que ahora se trasluce en este museo como culminación de una labor sostenida en el tiempo, impulsada por la energía y el entusiasmo de su presidente y creador. La sacudida es radical. Ahora hay que ver si estamos ante un cambio real de modelo o simple rotación de nombres. El tiempo -y los hechos- lo dirán.

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