La obra de Bernardí Roig se distingue por una exploración profunda de la presencia y la identidad del objeto y del ser. Mediante una estética depurada y poética, el artista combina escultura, pintura e instalación para provocar reflexiones sobre la fragilidad, el tiempo y la memoria. Sus trabajos a menudo incorporan elementos cotidianos transformados en símbolos, donde la textura, la superficie y la luz se convierten en instrumentos narrativos que invitan al espectador a una experiencia sensorial y contemplativa.
La exposición [NO] Sacar la cabeza del escultor y artista multimedia mallorquín Bernardí Roig prolonga su estancia en el Espai Isern Dalmau de Barcelona hasta el sábado 28 de marzo. Una iniciativa de la Fundación Lluís Coromina Isern y la Galería Miguel Marcos, que reúne una selección de vídeos recientes del artista (1965) junto a la instalación El Cap de Goya (2020).
Los cuerpos solitarios se enfrentan a sus límites, atrapados en la repetición circular de la acción. En esta insistencia sin fin aparente se concentra una tensión de resistencia y un deseo persistente, aunque el sentido parezca esfumarse. Cada obra intenta dar forma lo que escapa: la mirada, el deseo, la identidad, la carne que persiste a pesar de la negación. Estas imágenes en movimiento se desplazan con un empeño casi compulsivo, ineficaz pero imparable, irracional e indómita; incluso en acciones mínimas, como el gesto miccional.
Una característica de Bernardí Roig es su habilidad para crear diálogos sutiles entre objetos y espacio, confiriendo a cada pieza una presencia casi escultórica que trasciende la función decorativa. Su obra combina rigor formal con una intensa carga emocional, reflejando preocupaciones universales como la soledad, la vulnerabilidad y la belleza efímera. Este equilibrio entre conceptos y materialidad hace que cada obra se convierta en un testimonio vivo del paso del tiempo y de la complejidad de la experiencia humana.