Teresa Gancedo inaugura una nueva etapa cultural en la Fundación Vayreda de Olot con la apertura del ciclo Verònica. Mujeres visionarias , un proyecto que propone entender el arte como espacio de revelación, experiencia vital y conocimiento sensible, bajo el comisariado de Natàlia Chocarro. La iniciativa comienza con una exposición dedicada a una de las voces más singulares de la pintura contemporánea, que se podrá visitar del 31 de enero al 12 de abril. El ciclo continuará posteriormente con las muestras de Magda Bolumar, Josefa Tolrà y Joana Cera, configurando un recorrido coral por prácticas femeninas que han desbordado los relatos canónicos de la historia del arte.
La obra de Teresa Gancedo se construye desde un lenguaje libre, ecléctico y profundamente íntimo, que atraviesa disciplinas diversas -pintura, dibujo, grabado, cerámica, collage, instalación e intervención- sin jerarquías ni fronteras rígidas. Su práctica artística se arraiga a menudo en materiales humildes y elementos cotidianos, transformados en portadores de sentido a través de un universo simbólico denso y persistente. En este espacio, la memoria personal se convierte en materia activa y dialoga con experiencias colectivas, creando un relato visual que oscila entre el recuerdo, el mito y la intuición.
Uno de los rasgos más definitorios de su trabajo es la presencia de una iconografía onírica y simbólica, en la que imágenes religiosas, populares e históricas conviven con elementos naturales —flores, animales, formas vegetales— y configuran escenarios cargados de ambigüedad y significado. A través de este entramado de signos, Gancedo no ofrece lecturas cerradas, sino que propone una experiencia poética de la realidad, un espacio abierto a la interpretación en el que la mirada del espectador es convocada como parte activa del proceso de sentido. Su obra no ilustra, sino que sugiere; no afirma, sino que deja entrever.
Teresa Gancedo se inscribe así en una genealogía singular de creadoras que han entendido la pintura como una forma de conocimiento y no sólo como un ejercicio formal. A lo largo de más de cinco décadas de trayectoria, ha ido construyendo un universo poblado de señales mínimas, tensiones sutiles y equilibrios frágiles que, al desplegarse sobre la superficie pictórica, adquieren una presencia de intensidad inesperada. En su obra, lo visible, lo espiritual y lo intangible se funden sin estridencias, configurando un territorio donde la imagen se manifiesta como revelación.
Acercarse a su práctica implica acceder a una forma particular de habitar el mundo, donde la percepción no es un acto inmediato, sino un ejercicio de lentitud, escucha y silencio. En los lienzos de Gancedo, la imagen no emerge como resultado de un proceso racional ni como expresión de un gesto espontáneo o voluntarista; su génesis se arraiga en un espacio latente, situado entre la víspera y el sueño, donde la memoria, la experiencia y la intuición se convierten en materia creadora.
El título del ciclo, Verónica , remite al concepto de vera icon, la "imagen auténtica", ya la idea de una imagen que no se limita a ser representada, sino que se revela por contacto, como una impronta, como una presencia que deja rastro. Desde esta perspectiva, cada exposición se concibe como una experiencia de proximidad e intensidad: más que articular un relato cronológico o retrospectivo, el proyecto invita a un encuentro directo con la obra y con lo que persiste como memoria, ausencia y tiempo sedimentado.
Tal y como apunta la comisaria Natàlia Chocarro, el ciclo propone "un viaje interior por los itinerarios creativos de cuatro artistas que se acercan al mundo desde una mirada singular y establecen un vínculo profundo entre práctica artística y experiencia vital". Teresa Gancedo, Magda Bolumar, Josefa Tolrà y Joana Cera comparten una manera de entender el arte como un espacio de contemplación y revelación, donde el gesto se convierte en pensamiento y la mirada abre zonas de sentido que desdibujan las fronteras entre lo visible y lo intuido.
En sus prácticas, la luz -tanto la propia como la que emana del entorno- actúa como matriz de un conocimiento sensible, fruto de una relación abierta, vulnerable y permeable con el mundo. La obra de estas cuatro creadoras evidencia que la forma no es sólo el resultado de una construcción formal, sino también huella de vida, experiencia y conciencia, una huella que persiste más allá de la materia y que interpela, todavía hoy, nuestra forma de mirar.