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Exposiciones

Antonio Imedio y Felipe Barreiro entre sombras y fantasmas

'Pactos con sombras y fantasmas' reúne en Bogotá dos miradas sobre la pintura como territorio de incertidumbre, memoria y percepción.

Antonio Imedio, Joven acicalándose, 2026.
Antonio Imedio y Felipe Barreiro entre sombras y fantasmas
bonart bogotà - 03/09/26

Hay momentos que no vemos, pero que de algún modo percibimos. El sonido apagado de unas cerezas rodando sobre una mesa, la sensación tibia de un cuerpo que acaba de abandonar la cama, alguien moviéndose al otro lado de una puerta o una sombra que atraviesa una habitación. Son situaciones aparentemente cotidianas que, sin embargo, contienen algo difícil de precisar: una presencia, un recuerdo, una intuición.

Es precisamente en ese espacio entre lo visible y aquello que apenas podemos intuir donde se sitúa Pactos con sombras y fantasmas, la exposición que reúne el trabajo de Antonio Imedio y Felipe Barreiro en la Galería Hugo Dufon de Bogotá. La muestra, abierta del 11 de julio al 12 de septiembre de 2026, propone una aproximación a la pintura entendida no como una reproducción fiel del mundo, sino como una herramienta capaz de ampliar nuestra percepción.

  • Felipe Barreiro, Carrera en la madrugada, 2025.

Ante una pintura, sugieren ambos artistas, siempre es necesario volver a mirar. Escuchar con los ojos, tocar con la mirada, reconocer texturas que pertenecen tanto a la materia como a la memoria. La imagen pictórica no termina en aquello que muestra: detrás de una ligera diferencia tonal, de una decisión aparentemente mínima o de una composición que parece aproximarse al caos, permanece algo que se resiste a ser explicado por completo.

La pintura se convierte así en un territorio de incertidumbre. Un espacio donde lo que vemos convive con aquello que recordamos, imaginamos o simplemente presentimos. Imedio y Barreiro parten con frecuencia de escenas ordinarias —una habitación, las nubes de una tormenta, un paisaje nocturno o una cama vacía— para convertirlas en umbrales hacia cuestiones más amplias relacionadas con el deseo, la memoria y el paso del tiempo.

La exposición plantea además la pintura como una conversación permanente con la historia del arte. Cada cuadro contiene huellas de otros cuadros y cada gesto parece responder a gestos anteriores. Pintar implica avanzar a tientas, probar, insistir y, sobre todo, saber cuándo detenerse. De ahí que la historia de la pintura no avance necesariamente en línea recta, sino que regrese una y otra vez sobre determinadas inquietudes para transformarlas desde nuevas perspectivas.

  • Antonio Imedio, Un hombre narizón levanta el falo, 2026.

La obra de Imedio y Barreiro participa de esta conversación más amplia y supera cualquier lectura limitada a una generación o a un contexto geográfico concreto. Sus pinturas recuperan motivos reconocibles para llevarlos hacia un terreno ambiguo, donde la cotidianeidad adquiere una dimensión casi espectral y donde aquello que parece familiar puede convertirse en una experiencia extraña.

Pero esa exploración de la intimidad no se limita al silencio, la soledad o el recogimiento. También aparece en la celebración, la fiesta y el desenfreno. La música y el baile se presentan como formas de construcción de la subjetividad, momentos en los que el individuo se reconoce y se transforma a través de la presencia de los demás.

La pintura del trompetista de Antonio Imedio condensa precisamente uno de esos instantes. El gozo colectivo se convierte en una experiencia de descubrimiento personal, en un momento en el que la música, el cuerpo y la compañía generan una forma particular de libertad.

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