Quedan pocos días para visitar Y me convierto en un río, cuya lengua marrón no descansará, una de las propuestas seleccionadas dentro de Inéditos 2026 en La Casa Encendida, un proyecto comisariado por Raquel Algaba (Madrid, 1992) que invita a replantear nuestra relación con el entorno desde una perspectiva donde lo biológico y lo tecnológico dejan de entenderse como realidades opuestas para revelarse como sistemas profundamente interdependientes.
La muestra reúne obras de Cecilia Fiona, Leticia Martínez Pérez, Leonor Serrano Rivas y Lola Zoido, cuatro artistas cuyas investigaciones confluyen en una reflexión sobre los ecosistemas híbridos, la conciencia distribuida y las nuevas formas de percepción que emergen en un contexto marcado por la crisis ecológica y la creciente tecnificación del mundo.
Lejos de presentar la naturaleza como un escenario pasivo, la exposición la concibe como un organismo dinámico, capaz de percibir, adaptarse y responder a las transformaciones de su entorno. Desde esta mirada, sensores, infraestructuras, organismos vivos y procesos computacionales comparten un mismo tejido de relaciones, cuestionando la tradicional separación entre naturaleza y tecnología.
La propuesta curatorial desplaza así el foco desde la pregunta de cómo la tecnología transforma el mundo natural hacia otra más compleja: cómo la propia naturaleza incorpora y resignifica esos sistemas tecnológicos dentro de sus procesos de adaptación. Este cambio de perspectiva invita también a reconsiderar el concepto de conciencia, entendida aquí como una red de respuestas y relaciones que trasciende lo exclusivamente humano.
El recorrido expositivo convierte la sala en un auténtico paisaje vivo. Concebida como un invernadero expandido, cada instalación desarrolla un microclima propio y establece un ritmo particular de crecimiento y transformación. Las peanas ondulantes y la disposición de las piezas construyen un ecosistema en resonancia donde pequeñas variaciones producen nuevas configuraciones, evocando un territorio en permanente evolución.
Dentro de este entorno, Cecilia Fiona imagina, a través de instalaciones y pinturas, ecosistemas donde cuerpos, organismos y materia se encuentran inmersos en procesos continuos de mutación. Sus trabajos proponen una visión del mundo basada en la coexistencia y la interdependencia entre las distintas formas de vida.
Las obras de Leticia Martínez Pérez profundizan en la ambigüedad entre lo orgánico y lo artificial mediante estructuras que activan la percepción del espectador. Sus piezas transforman la naturaleza en un sistema de signos donde belleza, amenaza, atracción y extrañeza conviven de manera simultánea.
Por su parte, Leonor Serrano Rivas desarrolla dispositivos escultóricos que combinan materiales orgánicos, procesos científicos y referencias simbólicas para generar sistemas en constante transformación. La materia circula, cambia y se reorganiza, desdibujando las fronteras entre lo natural, lo técnico y lo alquímico.
El recorrido culmina con las investigaciones de Lola Zoido, quien explora el paisaje a través de herramientas digitales como la modelización tridimensional y la realidad virtual. Sus obras reflexionan sobre la fragilidad de un territorio cuya existencia se encuentra cada vez más mediada por procesos de captura, traducción y reconstrucción algorítmica.