La abstracción no fue para Romà Vallès una ruptura puntual con la figuración, sino una forma de entender la pintura y, en un sentido más amplio, una actitud ante la vida. Nacido en Barcelona en 1923 y fallecido en 2015, Vallès es una de las figuras fundamentales del arte catalán de la segunda mitad del siglo XX y uno de los artistas que contribuyeron decisivamente a abrir el camino de la abstracción y el informalismo en Cataluña en un contexto marcado por la fractura de la Guerra Civil y los años de posguerra. Su trayectoria se revisa ahora en la Fundación Vila Casas en una exposición que podrá visitarse hasta el 17 de enero.
Comisariada por Conxita Oliver, colaboradora de Bonart, y Bel Vallès, la muestra propone recuperar la complejidad de este largo itinerario a partir de una selección de obras que permite seguir más de seis décadas de investigación artística. El recorrido pone en relación las diferentes etapas de su producción y muestra cómo, detrás de las transformaciones formales, se mantiene una misma voluntad: cuestionar los límites de la pintura y explorar lo que queda más allá de la realidad estrictamente visible.

La muestra concede un protagonismo especial a dos series esenciales para comprender esa evolución. Cosmogonies (1956-1963) representa uno de los momentos decisivos en el proceso de liberación de Vallès respecto a la figuración y en la consolidación de su lenguaje informalista. Las obras de este período evidencian una pintura cada vez más centrada en la materia, el gesto y las tensiones internas de la superficie, a la vez que plantean una aproximación casi espiritual y filosófica al acto de pintar.
A mediados de la década de los sesenta, Collages (1964–1966) abre otro capítulo dentro de esta investigación. Vallès incorpora recortes de prensa, fotografías y fragmentos procedentes de la realidad cotidiana, estableciendo un diálogo con las transformaciones que experimentaba el arte internacional y, especialmente, con la emergencia del Pop Art. La pintura deja así de ser sólo una superficie para convertirse también en un espacio de confrontación con las imágenes y signos de la contemporaneidad.

Precisamente en este ámbito se presenta por primera vez un conjunto inédito de obras de Romà Vallès procedentes de la colección de Rafael Tous. El grupo permite profundizar en una etapa especialmente singular de su trayectoria y observar cómo el artista incorpora materiales extraídos del entorno inmediato para alterar su significado e integrarlos en su universo pictórico. Esta presencia de fragmentos de la realidad refuerza una de las constantes de su obra: la capacidad de convertir lo cotidiano en materia de reflexión y experimentación.
Según Conxita Oliver, la exposición plantea “un viaje por el legado del artista” y pone el foco en los logros más significativos de su trayectoria y en su evolución creativa. Para la comisaria, la abstracción constituye el hilo conductor de todo el itinerario, pero no entendida simplemente como una opción formal, sino como una actitud vital y un medio de reconocimiento espiritual y filosófico. Esta concepción ayuda a entender la coherencia de una producción que no se deja reducir a una única estética y que se transforma a lo largo de los años sin perder nunca su voluntad de investigar.

Esta dimensión experimental convivió además con una intensa actividad pedagógica y divulgativa. Romà Vallès fue un trabajador incansable, tanto en su práctica artística como en su faceta de pedagogo. A lo largo de su vida protagonizó más de 345 exposiciones, 85 de ellas individuales, y participó también en numerosas conferencias, presentaciones y publicaciones. Una actividad que evidencia hasta qué punto su trayectoria superó el ámbito estrictamente pictórico para proyectarse también en el terreno de la transmisión del conocimiento y de la reflexión sobre el arte.