La Capilla de la Misericordia de Palma acogerá, a partir del 11 de septiembre de 2026 y hasta el 6 de marzo de 2027, la exposición Català Roig. De la tierra al Cielo , dedicada al ceramista Joan Pere Català Roig. La muestra forma parte de la programación de la BIENNAL B y está comisariada por Luis Juan de Sentmenat García-Ruiz. El proyecto propone una aproximación a la cerámica desde una perspectiva íntima y contemplativa, alejada de la concepción estrictamente funcional del objeto y centrada en su capacidad para convertirse en una experiencia artística y espiritual.
El gesto de moldear, el contacto con la tierra, la espera y la intervención del fuego forman parte de un ritual creativo que reivindica el valor del tiempo lento en una época marcada por la inmediatez. Su práctica recupera una espiritualidad del oficio que, especialmente en Occidente, parece haber ido desapareciendo progresivamente y que aquí se manifiesta como forma de conocimiento, libertad y silencio.
Las piezas que forman parte de la muestra huyen deliberadamente de modas y tendencias. Català Roig trabaja desde una libertad que le permite profundizar en una simplificación existencial, sin recurrir a la espectacularidad ni al alarde. Sus formas transmiten una sobriedad esencial, casi mineral, que convierte a cada objeto en una presencia silenciosa. Son piezas que no buscan imponerse al espectador, sino establecer una relación más pausada, basada en la mirada y, sobre todo, en la imaginación del tacto.
La tierra conserva en sus superficies los rastros del proceso que lo ha transformado. Los esmaltes, las texturas y las irregularidades revelan una tensión constante entre lo que el artista prevé y lo que el fuego acaba decidiendo. Es precisamente en esa relación con el fuego donde aparece una de las dimensiones más complejas del oficio cerámico. Los colores pueden intensificarse, perder luz, oscurecerse o modificarse; las curvas se dilatan y las cavidades pueden adquirir una forma distinta a la prevista. El dominio del ceramista consiste también en saber anticipar estos cambios, en conocer la materia hasta el punto de intuir cuál será el aspecto final de la obra.
Esta confianza en los procesos naturales conecta la obra de Català Roig con la tradición de los grandes maestros orientales, de la que el artista es admirador. Sin embargo, su cerámica no se plantea como una recuperación nostálgica de estos referentes. Por el contrario, su obra preserva una marcada independencia y desarrolla un lenguaje propio, reconocible en la forma de entender la forma, la superficie y la relación entre objeto y espacio.
Una trayectoria arraigada en Mallorca
Nacido en Palma en 1973, Joan Pere Català Roig entró en contacto con la arcilla en el taller familiar Es Retall, un primer espacio de aprendizaje que acabaría marcando su relación con el oficio. A partir de 1994 se formó en la Escuela de Arte de Palma y, a lo largo de su trayectoria, ha combinado la creación artística con la docencia. Entre 2012 y 2020 dirigió la Escuela Municipal de Cerámica de Marratxí, consolidando también una faceta pedagógica vinculada a la transmisión de los conocimientos de la cerámica.
Esta doble dimensión, entre práctica artística y transmisión del oficio, resulta especialmente significativa en una época en la que muchas de las formas tradicionales de conocimiento manual han perdido presencia. En Català Roig, la cerámica mantiene todavía el carácter de un saber que pasa por las manos y que necesita tiempo, repetición, paciencia y observación.
Es esta concepción la que da sentido al título 'De la tierra al Cielo'. El recorrido propuesto en la Capilla de la Misericordia parte de la materialidad más elemental -la tierra- para conducirla hacia una dimensión poética y espiritual. El objeto nacido del torno deja de ser simplemente un recipiente o forma cerámica para convertirse en una presencia cargada de memoria, silencio y contemplación.
Sus prendas parecen hablar desde su misma superficie. Son objetos que invitan a imaginar el gesto de las manos que les han creado y el tacto que podría recorrerles. Su pureza mineral y su contención formal las sitúan en un territorio cercano a la poesía: formas sugerentes, preciosas precisamente porque no necesitan proclamar su belleza.
En este sentido, Català Roig ocupa un lugar singular en la cerámica contemporánea. Su obra reivindica una forma de entender el oficio en el que la técnica no es un final, sino una vía para llegar a una experiencia más profunda de la materia. El ritual de crear, esperar y dejar actuar al fuego se convierte en una filosofía de vida que recupera el valor de la paciencia y del recogimiento.
Las piezas expuestas en Palma pueden entenderse así como pequeñas constelaciones en un universo más amplio. Cada forma contiene el tiempo de su proceso y, a su vez, abre un espacio para la contemplación. En una época especialmente inclinada al exceso visual ya la velocidad, la obra de Joan Pere Català Roig reivindica justamente lo contrario: el silencio, la medida y la posibilidad de mirar sin prisa.