Hoy, 12 de agosto, el cielo se convierte en el escenario de uno de los fenómenos astronómicos más extraordinarios del año. Cataluña se prepara para contemplar un eclipse solar total que hará desaparecer durante unos instantes el disco del Sol y convertirá el paisaje diurno en una escena casi irreal.
La franja de totalidad atravesará las Terres de l'Ebre y tendrá en Alcanar uno de los puntos privilegiados para observar el fenómeno. En este municipio, la Luna llegará a ocultar por completo el Sol durante aproximadamente un minuto y 37 segundos, una breve ventana de oscuridad que permitirá experimentar uno de los espectáculos más singulares de la naturaleza.
Durante estos instantes, la luz cambiará radicalmente, las temperaturas pueden descender de forma repentina y el comportamiento de la fauna también puede verse alterado. En medio del día, el cielo adquirirá una apariencia insólita y las primeras estrellas podrán llegar a hacerse visibles.
Que las Terres de l'Ebre sean uno de los territorios privilegiados para contemplar el eclipse responde a una cuestión estrictamente geométrica. La trayectoria de la Luna proyectará sobre la superficie terrestre una estrecha franja de sombra y determinados puntos del territorio quedarán situados en la zona de totalidad.

Sin embargo, los eclipses no sólo han despertado el interés de científicos y observadores del cielo. A lo largo de la historia han alimentado también la imaginación de los artistas, que han intentado retener en sus obras la transformación de la luz y la atmósfera extraordinaria asociada a estos fenómenos.
El Museo Nacional de Arte de Cataluña conserva un testimonio especialmente sugerente de esa fascinación. Alejandro de Riquer inmortalizó la atmósfera de un eclipse en una obra datada el 30 de agosto de 1905, donde un paisaje oscurecido queda rodeado por una penumbra delicada y un cielo de tonos azules profundos.
La pintura conserva además una dimensión íntima. Riquer anotó la fecha y el lugar desde donde posiblemente contempló el eclipse e incorporó una dedicatoria a su amigo Apel·les Mestres. La obra llegó posteriormente a las colecciones del MNAC gracias al legado de Mestres, convirtiéndose en la memoria material de un instante que, como el que hoy volverá a ensombrecer el cielo catalán, sólo duró unos minutos.
Mientras miles de personas levantan la mirada para contemplar un fenómeno excepcional, una obra conservada en el MNAC nos recuerda que los eclipses han despertado fascinación desde hace siglos. La ciencia explica su trayectoria y la mecánica; el arte, en cambio, busca preservar la huella de un instante fugaz, esa luz extraordinaria que sólo durante unos momentos transforma el paisaje.