Nueva York fue mucho más que un escenario para Fernando Botero. La ciudad se convirtió en un territorio de transformación desde el que el artista colombiano desarrolló algunas de las claves fundamentales de su lenguaje plástico. Ahora, Sotheby’s recupera aquella etapa en Botero in New York, una exposición que podrá visitarse del 22 de julio al 7 de septiembre y que ha sido organizada en colaboración con The Botero Foundation.
La muestra se concentra en los años comprendidos entre 1960 y 1973, un periodo determinante en la trayectoria de Botero y en la consolidación de unas figuras de volúmenes monumentales, formas rotundas y espacios comprimidos que acabarían convirtiéndose en su sello inconfundible. A través de obras procedentes de la Fundación Botero y de una selección disponible para la venta, la exposición permite observar cómo el artista fue construyendo progresivamente una mirada propia en un momento dominado por la abstracción y por las profundas transformaciones del arte estadounidense.
Botero desarrolló su propuesta en un deliberado diálogo de oposición con las tendencias dominantes de la escena neoyorquina. Mientras buena parte de sus contemporáneos exploraban la abstracción, el gesto y la disolución de la figura, el artista colombiano mantuvo una relación constante con la tradición occidental y con la historia de la pintura. Su obra, sin embargo, no permaneció ajena a las nuevas ideas que atravesaban Nueva York, desde las investigaciones formales de la llamada New York School hasta los primeros desarrollos del Pop Art.

Fernando Botero, Autorretrato a la edad de 1 año, Executed in 1966.
En ese contexto, sus personajes voluminosos adquieren una dimensión singular. Monumentales, silenciosos y cargados de una particular mezcla de solemnidad y humor, se presentan como una alternativa a las deformaciones existenciales de Francis Bacon o a la energía gestual de Willem de Kooning. La deformación en Botero no busca expresar angustia ni liberar el gesto pictórico, sino construir un universo visual sometido a sus propias reglas de proporción, equilibrio y densidad.
La exposición permite seguir también la evolución de su pintura durante aquellos años. Desde una primera etapa marcada por una pincelada más expresiva, Botero avanzó hacia una mayor claridad formal, superficies más planas y una concepción geométrica de las proporciones. El volumen dejó de ser únicamente una característica física de sus personajes para convertirse en un principio estructural capaz de organizar toda la imagen.
Su relación con la memoria cultural resulta igualmente esencial. Botero tomó imágenes, personajes y motivos procedentes de la historia del arte y de la cultura popular para reinterpretarlos desde una perspectiva profundamente personal. En paralelo al crecimiento del Pop Art en Estados Unidos y América Latina, su pintura reflexionaba sobre la circulación de las imágenes y sobre la manera en que determinadas figuras permanecen en la memoria colectiva.

Botero in New York tiene además un carácter especial por su emplazamiento. La exposición ocupa el histórico edificio Breuer y constituye la primera muestra dedicada a un único artista que se presenta en este emblemático espacio. La elección de Nueva York recupera así una relación fundamental en la carrera de Botero: la de un artista latinoamericano que encontró en una de las capitales internacionales del arte un escenario de confrontación, aprendizaje y transformación.
En pleno verano neoyorquino, cuando la ciudad vuelve a concentrar una intensa actividad cultural y atrae a visitantes, artistas y coleccionistas de todo el mundo, la exposición propone regresar a uno de los capítulos esenciales de la trayectoria de Botero. Una oportunidad para contemplar cómo, entre la tradición y la modernidad, la figura y la geometría, el artista construyó en Nueva York un lenguaje que terminaría por convertirse en una de las imágenes más reconocibles del arte latinoamericano contemporáneo.