Desde el 7 de mayo, el Museo Nacional de Arte de Cataluña presenta a Miliciano herido , de Francisco Mateos, una obra concebida en plena Guerra Civil como pintura de propaganda, denuncia de la violencia bélica y reivindicación de la fraternidad entre soldados. Ahora, décadas después de su creación, el museo afronta uno de los principales obstáculos de la pieza: su estado de conservación impide recuperar completamente su imagen original.
Mateos pintó a Miliciano herido en un contexto marcado por la urgencia y la escasez de recursos. El artista reutilizó materiales y llegó a unir dos pinturas propias para construir una tela de mayores dimensiones sobre la que representar la escena. Esta solución, junto con la precariedad de los materiales y posiblemente con un acelerado proceso de ejecución, ha favorecido diversas reacciones químicas que han provocado, con el paso del tiempo, el desprendimiento continuo de la capa pictórica.
La historia de la obra está estrechamente vinculada a uno de los episodios más significativos de la cultura artística de la guerra civil. Concebida con la voluntad de formar parte del Pabellón Español de la República en la Exposición Internacional de París de 1937, 'Miliciano herido' coincidió en ese contexto con otro de los grandes iconos del arte político del siglo XX, el Guernica de Pablo Picasso.
Sin embargo, el regreso de la obra de París, en 1938, marcó el inicio de un largo silencio. Durante la dictadura franquista no pudo exponerse por su carácter vinculado al arte de los vencidos. Cuando las circunstancias políticas cambiaron, la pintura ya presentaba un deterioro tan profundo que su exhibición seguía siendo prácticamente imposible.
Las pérdidas de materia pictórica son hoy irreversibles y progresivas. La superficie conserva sólo fragmentos de la composición original y dificulta la lectura de la imagen que Mateos había concebido. No se trata, por tanto, de una obra que pueda ser simplemente restaurada para recuperar su aspecto inicial, sino de un testimonio material en el que el paso del tiempo ha borrado buena parte de la representación.
Ante esta situación, el proyecto plantea una vía alternativa: recrear digitalmente la pintura a través de imágenes generadas con inteligencia artificial. El objetivo no es sustituir la obra ni presentar una reconstrucción como original, sino aproximarse a su apariencia y permitir al público entender la fuerza visual y expresiva del mensaje que Mateos quiso transmitir.
La tecnología se convierte así en una herramienta al servicio de la memoria. Allí donde la materia ya no permite recuperar completamente la imagen, la recreación digital abre la posibilidad de imaginar cómo podía haber sido la obra y restituir, aunque sea parcialmente, su capacidad narrativa.
Miliciano herido es también el testimonio de una forma de hacer arte en tiempo de conflicto. La reutilización de materiales, la rapidez de ejecución y las limitaciones impuestas por la guerra forman parte de la historia física de la pintura. Lo que en su momento fue una respuesta a la precariedad acaba convirtiéndose, décadas más tarde, en una de las principales causas de su fragilidad.