La sala de exposiciones “la Caixa” de Santa Cristina acoge hasta el 31 de agosto una muestra dedicada a la obra artesanal de Pere Ciurana, conocido popularmente como Batet, un creador que ha hecho del corcho la materia prima de un universo propio. La exposición reúne una selección de objetos decorativos elaborados en su totalidad con este material y permite descubrir una trayectoria marcada por la minuciosidad, la constancia y una extraordinaria capacidad para transformar el corcho.
Lejos de limitarse a trabajos decorativos convencionales, Ciurana da forma a todo tipo de prendas a partir de modelos originales. La mayoría las reproduce a tamaño real, mientras que en el caso de algunas construcciones, especialmente los barcos, trabaja a escala. El resultado es una colección en la que cada pieza requiere un proceso artesanal largo y meticuloso, desde la selección y corte del corcho hasta el modelado y acabado final.
La dimensión de este trabajo se hace especialmente evidente en el caso de barcos. El primero que construyó, en el 2001, le exigió unas 1.300 horas de trabajo. Sin embargo, con la experiencia adquirida el proceso se fue perfeccionando y Ciurana consiguió reducir considerablemente el tiempo necesario para completar las piezas posteriores. El conocimiento de la técnica y el aprendizaje acumulado durante años han sido esenciales para desarrollar una forma de trabajar propia.
Cuchillos, papel de lija y fragmentos de corcho son algunas de las herramientas con las que el artesano transforma cada pieza. El proceso exige precisión en cada corte, una gran capacidad para moldear el material y, sobre todo, muchas horas de dedicación. Antes de que una obra llegue a la sala de exposiciones, cada fragmento de corcho ha sido recortado, ajustado y trabajado pacientemente por Ciurana.
Él mismo reconoce que esta actividad es sobre todo una pasión y un hobby. Sin embargo, también admite que la relación con el material no siempre es fácil y que en alguna ocasión la frustración aparece cuando una pieza no acaba tomando la forma que había imaginado. Esta combinación de paciencia, exigencia y perseverancia explica en gran parte el nivel de detalle de sus creaciones.
La magnitud de su producción da una idea del alcance de ese oficio. La Exposición de Artesanía del corcho representa, en su conjunto, unas 220.000 horas de trabajo. Una parte importante de este patrimonio creativo se conserva en casa del artista, almacenada en cajas especialmente preparadas para proteger las piezas del polvo, humedad y otros factores que podrían deteriorarlas.
La trayectoria expositiva de Pere Ciurana se remonta al año 1993, cuando presentó por primera vez su obra en Santa Cristina, en el espacio donde actualmente se encuentra la Oficina de Turismo. Posteriormente, volvió a exponer en la localidad en 2007 y 2016, precisamente en la sala de la Caixa que ahora recupera una parte de su universo creativo.
Su trabajo también ha pasado por el Museo del Corcho de Palafrugell, donde en 2008 presentó su obra y donde actualmente conserva varias piezas expuestas de forma permanente. Su producción ha llegado igualmente a Palamós, Calonge y Sant Antoni de Calonge, Cassà de la Selva, Vidreres y Maçanet de la Selva, entre otras poblaciones. Barcelona también ha sido escenario de su actividad expositiva, con una muestra en la Illa Diagonal que recibió la visita de más de medio millar de personas.

Esta itinerancia ha permitido que sus creaciones sean conocidas más allá de su entorno inmediato y lleguen a públicos muy diversos. Donde expone, la reacción suele repetirse: sorpresa ante la capacidad de convertir un material tan vinculado al paisaje ya la cultura mediterránea en objetos cargados de detalle.
La exposición de Santa Cristina es, por tanto, mucho más que una muestra de artesanía. Es una aproximación a una forma de crear que necesita tiempo, precisión y perseverancia y que ha convertido el corcho en el lenguaje personal de Pere Ciurana. Una obra singular, llena de pequeñas filigranas y con una identidad propia que reivindica el valor de la artesanía como forma de creación artística y patrimonio cultural.
Con décadas de trayectoria y unas 220.000 horas de dedicación acumuladas, la obra de Batet sigue reclamando una mirada más amplia y un reconocimiento que vaya más allá de las fronteras locales. Santa Cristina ofrece ahora una nueva oportunidad para averiguarla.