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La guerra vuelve a destruir patrimonio en Ucrania

Un ataque ruso con drones reduce a cenizas una iglesia cosaca de madera del siglo XVIII, considerada el último ejemplo conservado de este tipo de arquitectura en el país.

La guerra vuelve a destruir patrimonio en Ucrania
bonart beryslav - 09/08/26

La guerra en Ucrania continúa dejando una huella que va mucho más allá de las pérdidas humanas y materiales. También el patrimonio histórico y cultural está siendo destruido de forma irreversible. El último episodio se ha producido en Beryslav, en la región de Jersón, donde un ataque ruso con drones ha destruido la iglesia de la Santa Presentación, un edificio de madera del siglo XVIII considerado uno de los últimos testimonios de la arquitectura cosaca tradicional del país.

Construida originalmente en 1725, la iglesia formaba parte de una fortificación situada cerca de Zaporiyia. En 1784 fue trasladada a Beryslav, donde permaneció durante casi tres siglos como uno de los principales testimonios de la arquitectura religiosa y militar asociada a la tradición cosaca. Las imágenes posteriores al ataque muestran únicamente los restos calcinados del edificio.

Oleksandr Alchiev, responsable de la Administración Militar de la ciudad de Beryslav, describió el templo como un monumento arquitectónico único de importancia nacional y recordó que había formado parte de la historia de la ciudad durante casi tres siglos. Su destrucción supone, por tanto, la desaparición de un elemento material de la memoria histórica ucraniana que difícilmente puede ser reemplazado o reconstruido en su condición original.

El caso de Beryslav se inscribe en un contexto mucho más amplio. Según datos del Ministerio de Cultura de Ucrania, desde el inicio de la invasión rusa a gran escala en 2022 se han registrado daños o destrucciones en cerca de 2.000 bienes culturales y patrimoniales del país. Iglesias, museos, monumentos, bibliotecas y edificios históricos han quedado afectados por los bombardeos y los ataques.

  • La Casa de la Cultura, dañada por los bombardeos rusos en la localidad de Davydiv Brid, en el distrito de Beryslav, región de Jersón (Ucrania), el 22 de noviembre de 2025.

Entre los lugares dañados se encuentran la Catedral de la Asunción de Kyiv, el Museo Nacional Literario y Conmemorativo Hryhorii Skovoroda, el Museo de Chernóbil y el conjunto histórico del Monasterio de las Cuevas de Kyiv (Kyiv-Pechersk Lavra). La amenaza tampoco se limita a los edificios históricos. El patrimonio artístico conservado en museos y colecciones ha sufrido igualmente las consecuencias de la guerra, incluido el saqueo de objetos culturales ucranianos.

El ataque contra la iglesia de Beryslav llega pocos días después de otro episodio contra una institución cultural. Un misil ruso impactó en el tejado del Museo de Arte de Járkov, provocando importantes daños en el edificio y dejando seis personas heridas, entre ellas un bebé.

La destrucción de la iglesia cosaca adquiere una dimensión especialmente significativa por la naturaleza del edificio. No se trataba únicamente de un templo religioso, sino de un documento arquitectónico construido en madera que conservaba las huellas de una tradición histórica concreta. Su valor residía precisamente en su autenticidad, en los materiales originales y en la continuidad de su presencia en el territorio.

La guerra convierte así el patrimonio en otra de sus víctimas. Cuando desaparece un edificio histórico no solo se pierde arquitectura: desaparecen técnicas constructivas, memoria colectiva, símbolos de identidad y una parte irrepetible de la historia de una comunidad. En el caso de Ucrania, la magnitud de las pérdidas plantea además el desafío de documentar, proteger y preservar lo que todavía permanece en pie.

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