Camins salvatges es la nueva creación de la compañía Irregulars, un proyecto que sitúa el paisaje en el centro de la experiencia artística y que entiende el territorio no como un simple escenario, sino como un agente activo de la dramaturgia. Concebida como una pieza itinerante, la propuesta invita al público a andar y habitar un espacio compartido donde la danza, la voz y el paisaje se entrelazan para generar una experiencia inmersiva que disuelve las fronteras convencionales entre espectador e intérprete.
Durante el recorrido, las participantes son guiadas por una voz en directo que acompaña a sus pasos mientras despliega relatos, recuerdos y ficciones vinculados a los lugares atravesados. El paisaje se transforma progresivamente en archivo, escenario y espacio de imaginación, haciendo que cada desplazamiento establezca un diálogo sutil entre la realidad visible y los imaginarios que habitan en el territorio. El resultado es una propuesta que transita entre la vulnerabilidad individual y la fuerza de la experiencia colectiva.
La creación parte de una investigación desarrollada entre 2024 y 2025 en los Pirineos por la directora de la compañía, Azucena Momo. Este trabajo de campo, basado en la escucha y la convivencia con pastoras y ganaderas, recoge testimonios y reflexiones sobre la ganadería extensiva, la trashumancia y las formas de relación entre humanos, animales y paisaje. Lejos de convertir este universo en una representación folclórica o documental, el proyecto incorpora estas vivencias como materia viva de su investigación artística.

La práctica de andar se convierte así en una metodología de conocimiento. Inspirándose en los desplazamientos cotidianos de los rebaños y en cómo las pastoras interpretan el terreno, Camins salvatges propone una lectura coreográfica del territorio en el que el movimiento deja de situar exclusivamente el cuerpo humano en el centro. La danza aparece como una red de relaciones entre personas, animales, vegetación, relieve, climatología y tiempo, ampliando la propia noción de coreografía.
Este planteamiento conecta con una línea de pensamiento propia de las artes vivas contemporáneas, que entienden la creación artística como forma de producción de conocimiento. El cuerpo se convierte en una herramienta para leer el paisaje y la caminata en una práctica de atención capaz de generar nuevas formas de percibir el entorno. La propuesta invita a escuchar los ritmos propios del territorio ya experimentarlo desde una sensibilidad compartida, más que contemplarlo desde la distancia.
La decisión de desarrollar el espectáculo en el espacio público responde a esta misma voluntad. Caminos, pueblos y personas forman parte de la dramaturgia, integrándose en una experiencia que se construye en constante diálogo con el lugar donde se presenta. De esta forma, la pieza refuerza una idea de la danza como práctica relacional, capaz de establecer vínculos entre los cuerpos y el espacio que habitan.

Con Caminos salvajes, Irregulares sigue desplegando una investigación artística que encuentra en el cruce entre la danza, la voz y el paisaje un espacio de descubrimiento y transformación. Desde su fundación en 2020 por la artista ampurdanesa Azucena Momo, la compañía ha convertido el territorio en materia sensible de creación, donde cada cuerpo, cada camino y cada encuentro abren nuevas posibilidades de relación. Sus propuestas invitan al público no sólo a observar, sino a habitar la experiencia desde dentro, haciendo de la presencia compartida el verdadero centro de la acción. En este horizonte, la danza se revela como un gesto de escucha y de resistencia, un lenguaje abierto que reconecta a las personas con el paisaje, con los demás y con los ritmos profundos que sostienen la vida.