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Exposiciones

Paolo Roversi o la belleza de la duda

La exposición Doubts, en la Fundación Marta Ortega Pérez, revisa más de cuarenta años de trabajo de uno de los grandes renovadores de la fotografía contemporánea y convierte la incertidumbre en método, atmósfera y lenguaje visual.

Paolo Roversi o la belleza de la duda
bonart la coruña - 10/07/26

La Fundación MOP dedica a Paolo Roversi una de esas exposiciones que no se limitan a ordenar una trayectoria, sino que intentan penetrar en la lógica íntima de una obra. Doubts, abierta hasta el 20 de septiembre de 2026 en el Centro MOP, recorre más de cuatro décadas de trabajo del fotógrafo italiano, pero lo hace evitando la retórica convencional de la retrospectiva para proponer, en cambio, una inmersión en la materia sensible de su universo: la luz, el tiempo, la fragilidad de la aparición y, sobre todo, la duda como principio creador.

No es casual que Roversi haya escogido precisamente ese título. Para el fotógrafo, la duda no constituye una vacilación paralizante, sino un territorio fértil desde el que se activa la imaginación. Allí donde la certeza clausura el sentido, la incertidumbre abre una posibilidad. Esa idea atraviesa toda la exposición y permite leer su obra no solo como una refinada contribución a la fotografía de moda, sino como una investigación sostenida sobre la naturaleza misma de la imagen: su condición espectral, su capacidad de sugerir más que de mostrar, de convocar una presencia al tiempo que la retira.

La muestra reúne obras icónicas, retratos, Polaroids y piezas inéditas, y permite comprobar hasta qué punto Roversi ha construido, a lo largo de más de cuarenta años, un lenguaje visual inmediatamente reconocible y, sin embargo, siempre inasible. Su fotografía parece moverse en un umbral: entre el retrato y la ensoñación, entre la precisión del estudio y la vibración de lo accidental, entre la moda y una forma de misticismo visual. Sus imágenes no buscan fijar un instante, sino demorarlo; no aspiran a la nitidez documental, sino a una intensidad casi táctil de la penumbra.

En ese sentido, Doubts subraya uno de los rasgos más singulares de su práctica: la experimentación con la Polaroid, entendida no como simple soporte, sino como espacio de prueba, revelación y extrañamiento. En manos de Roversi, la imagen instantánea pierde cualquier vínculo con la inmediatez para convertirse en superficie de latencia. La Polaroid no registra solo un rostro o un cuerpo, sino también el temblor de su aparición, la inestabilidad de su contorno, la sensación de que aquello que vemos está a punto de desvanecerse. Es ahí donde reside buena parte de la potencia de su obra: en esa cualidad fantasmal que convierte a sus modelos en presencias suspendidas, figuras que parecen emerger de un tiempo fuera del tiempo.

La exposición se despliega en la nave del Centro MOP a través de una serie de secciones interconectadas —Theatre, Appearances, Shadows, Doubts, People, Presence, Grace, Beauty y Fading— que funcionan menos como compartimentos temáticos que como variaciones de una misma sensibilidad. Más que ordenar cronológicamente una carrera, el recorrido propone un mapa emocional y estético del imaginario de Roversi. En él, la sombra no es un recurso dramático, sino una forma de conocimiento; la belleza no aparece como ideal normativo, sino como una vibración delicada, a veces melancólica, que se manifiesta en el silencio, en la espera, en lo apenas visible.

Roversi ha redefinido la fotografía de moda precisamente al desplazarla del terreno del impacto hacia el de la contemplación. Sus imágenes rehúyen la estridencia y la saturación visual propias de buena parte de la iconografía contemporánea para reivindicar, en cambio, la lentitud, la fragilidad y el misterio. Incluso cuando trabaja con figuras reconocibles o con el artificio inherente a la moda, hay en sus fotografías una resistencia a la espectacularidad. Lo que emerge no es tanto una imagen de consumo como una atmósfera, una suspensión, una forma de intimidad extraña. Como escribió Vince Aletti, muchas de sus mejores fotografías “parecen cobrar vida ante nuestra mirada”; quizá porque en ellas la imagen no se agota en lo visible, sino que conserva un resto de enigma.

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