Bélgica se enfrentará a España en los cuartos de final del Mundial, pero su presencia en el torneo no solo se explica desde el fútbol. También hay un vínculo directo con el arte y con una de las figuras esenciales de la cultura belga: René Magritte. La contundente victoria de los Diablos Rojos ante Estados Unidos no solo certificó su pase a la siguiente ronda, sino que volvió a poner en circulación, ante millones de espectadores, el universo visual del pintor surrealista.
La selección belga ha convertido su equipación visitante en una declaración estética. Diseñada por Adidas, la camiseta es un homenaje explícito a Magritte y toma como punto de partida una de sus obras más célebres, La voix des airs (1931). En lugar de trasladar la pintura de forma literal al tejido, el diseño reinterpreta algunos de sus elementos más reconocibles para construir una pieza que se mueve entre la moda deportiva, la identidad nacional y la evocación artística.

La base de la camiseta, de un azul pálido que remite a los cielos abiertos tan presentes en la iconografía del pintor, sirve de fondo para un patrón repetido de balones en tonos rosas y azules. La composición nace de una transformación de las campanas metálicas flotantes que aparecen en La voix des airs, convertidas aquí en un motivo gráfico que conecta el imaginario surrealista de Magritte con el lenguaje del fútbol. A ello se suman unas finas líneas horizontales tejidas en la tela que evocan las marcas de un terreno de juego, reforzando el diálogo entre obra pictórica y uniforme deportivo.
La referencia más explícita, sin embargo, aparece bajo el cuello. Allí puede leerse la frase Ceci n’est pas un maillot (“Esto no es una camiseta”), escrita con una grafía que remite de inmediato a Magritte y que funciona como un guiño a una de sus obras más icónicas, La trahison des images. En aquella pintura, el artista representó una pipa acompañada por la célebre inscripción “Esto no es una pipa”, cuestionando la relación entre imagen, representación y realidad. La camiseta belga recupera ese juego conceptual y lo traslada al presente con ironía y complicidad.
Lejos de ser un gesto aislado, esta propuesta se inscribe en una estrategia visual que Bélgica ha ido desarrollando en sus últimas grandes citas internacionales. En los últimos años, la selección ha utilizado sus equipaciones alternativas como escaparate de distintas expresiones de la identidad cultural del país. En la Eurocopa de 2016 miró a la tradición ciclista belga; en el Mundial de 2022 rindió homenaje al universo festivo y cromático de Tomorrowland; y en la Eurocopa de 2024 se inspiró en Tintín y en el imaginario gráfico de Hergé. La camiseta dedicada a Magritte prolonga esa línea y la lleva un paso más allá al apoyarse en una de las figuras capitales del arte europeo del siglo XX.
Lo más interesante del diseño es, precisamente, que evita la reproducción fácil de una obra célebre para optar por una reinterpretación más inteligente. Adidas no se limita a colocar un cuadro sobre una camiseta, sino que toma prestado el vocabulario visual de Magritte —sus formas suspendidas, su paleta, su humor conceptual y su juego con la percepción— para construir una prenda que funciona tanto como uniforme como objeto cultural. El resultado es una colaboración poco habitual entre bellas artes y deporte, un cruce en el que la camiseta deja de ser un mero soporte publicitario para convertirse en un relato visual sobre la identidad belga.