Desde el 2 de julio, Jujuy suma a su paisaje cultural una de las obras arquitectónicas más singulares de la Argentina: el Centro Cultural Lola Mora, un espacio diseñado por César Pelli que combina patrimonio, arte contemporáneo, sustentabilidad y una fuerte apuesta a la proyección turística de la provincia. El nuevo complejo, ubicado en un entorno privilegiado de la yunga jujeña, alberga seis esculturas restauradas de Lola Mora y se presenta como un centro dinámico para exhibiciones, actividades en vivo y propuestas de formación.
La apertura oficial estuvo encabezada por el gobernador Carlos Sadir, quien presentó el edificio como un nuevo núcleo de programación cultural, pensado no solo como museo sino como plataforma de encuentro entre las artes, la educación y el paisaje. El centro cuenta con salas de exposición, auditorios y áreas pedagógicas, y su agenda combinará muestras, actividades artísticas y espacios de capacitación. Como gesto de apertura a la comunidad, la entrada fue gratuita para los jujeños hasta el 9 de julio.

Pero el Centro Cultural Lola Mora no se destaca únicamente por su función. Su arquitectura lo convierte, desde ya, en un ícono. El proyecto fue concebido por César Pelli a partir de una idea simbólica poderosa: recrear la forma del cincel de la escultora. El recorrido comienza por lo que sería el 'mango' de esa herramienta, un largo puente de acceso que desemboca en una estructura que se despliega como un abanico sobre la vegetación y parece flotar sobre la yunga. La sensación de suspensión se refuerza con una impactante fachada vidriada de 1.565 metros cuadrados, compuesta por paneles de hasta nueve metros de altura realizados con vidrio sin hierro, lo que garantiza una transparencia absoluta. Según quienes participaron del proyecto, esa decisión respondía a un deseo explícito de Pelli: que nada interfiriera con la visión del cielo jujeño.
La dimensión técnica de la obra también es notable. Las dificultades para importar y trasladar esos materiales de gran escala forman ya parte de la historia del edificio. Sin embargo, el resultado final sostiene con coherencia la idea original: un volumen liviano, abierto al paisaje y profundamente conectado con el entorno natural.
A esa impronta se suma una ambición ambiental poco frecuente en edificios culturales de esta escala. El centro fue concebido bajo un criterio Net 0, es decir, con la capacidad potencial de funcionar desconectado de la red eléctrica. Tanto la cubierta como el piso exterior incorporan placas solares transitables, mientras que una estructura que a primera vista podría confundirse con un campanario es, en realidad, una torre eólica de 30 metros de altura. La elección de materiales también refuerza el diálogo con el territorio: el piso interior de palo blanco, el revestimiento exterior en piedra cincelada a mano y el tratamiento acústico en PET reciclado y madera oscura de Pacará construyen una atmósfera donde diseño, sustentabilidad y paisaje se integran de manera orgánica.

La figura que da nombre al centro es, por supuesto, una de las artistas más extraordinarias de la historia argentina. Lola Mora nació en 1866, en Trancas, en el límite entre Salta y Tucumán. Se formó inicialmente en San Miguel de Tucumán, donde estudió dibujo y pintura, y muy pronto comenzó a destacar por su talento. Ese reconocimiento temprano se tradujo en un encargo oficial de gran importancia: la provincia le compró una serie de veintiún retratos de gobernadores, un primer logro que le permitió proyectarse hacia Buenos Aires.
Allí tomó una decisión audaz para su tiempo: abandonar la pintura y dedicarse a la escultura, una disciplina prácticamente vedada a las mujeres de fines del siglo XIX. Gracias a una beca, viajó a Roma, donde fue admitida con cierta reticencia en el estudio de Paolo Michetti. En Italia entró en contacto con quien sería su verdadero maestro, el escultor Giulio Monteverde, figura central en su formación y en el desarrollo de una obra que desafió los límites impuestos por su época.
La relación entre Lola Mora y Jujuy no es circunstancial. La artista trabajó en la provincia como funcionaria pública vinculada al diseño urbano, y sus esculturas fueron emplazadas en la Casa de Gobierno. Desde entonces, esas piezas forman parte del patrimonio jujeño. Hoy, restauradas y reunidas en este nuevo centro cultural, encuentran un ámbito especialmente concebido para su conservación y exhibición, en un edificio que no solo las protege, sino que dialoga con su legado a través de la escala, la materia y el gesto creativo.