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Exposiciones

El peso de la fragilidad

La exposición de Mikel Adán Tolosa en La Capella, que explora la tensión entre fragilidad y permanencia a través del uso escultórico de la mantequilla y la piedra, podrá visitarse hasta el 5 de julio.

El peso de la fragilidad

Una de las fascinaciones del arte contemporáneo reside actualmente en la capacidad de los artistas para irrumpir las bases conceptuales heredadas. Buena prueba de ello es la incansable voluntad de desafiar lenguajes, habitar nuevos espacios y subvertir imaginarios, tal y como demuestra la exposición de Mikel Adán Tolosa en La Capella.

La muestra, que tiene como objetivo desafiar la dureza, establece un diálogo entre materiales en el Espai Rampa de La Capella. En este contexto, la artista trata de redignificar los cuerpos blandos, frévolos pero a la vez confortables, que tradicionalmente se han mantenido al margen de lo asociado a la escultura.

Con la mantequilla como principal protagonista y en diálogo con la piedra local, Mikel Adán propone una aproximación al territorio catalán a través de un herbario que reproduce, en clave mantegosa, una variedad de especias de la flora autóctona. El joven escultor presta especial atención a aquellas flores endémicas en peligro de extinción que, al igual que la mantequilla, desde su condición efímera se confrontan con la durabilidad de la piedra, históricamente vinculada a la tradición escultórica.

Este vivero mantecoso retoma el hilo que Manolo Hugué empezó a tejer en los inicios de su trayectoria, tal y como recoge Josep Pla en La vida de Manolo . Hugué había realizado esculturas de mantequilla en los expositores de comercios de víveres y lecherías con el ánimo de abrirse paso en el escaparate escultórico catalán. Ochenta años después, Mikel Adán recoge este gesto para vindicar estos comercios que, cada vez más, parecen compartir el mismo recorrido vital que las flores mantecosas y endémicas seleccionadas por el joven artista calderino.

Así como hizo Hugué, Adán expone algunas de sus flores de mantequilla en escaparates de estos establecimientos. Un gesto que no sólo señala la fragilidad estructural del comercio local, sino que también pone de relieve la falta de espacios expositivos que afrontan la mayoría de artistas jóvenes en Cataluña. Aunque el joven escultor ha desarrollado, con la ayuda de Huaqian Zhang, un sencillo proceso de refrigeración que estabiliza parcialmente la mantequilla, la transformación de este material compostable con el paso del tiempo es inevitable. Esta inherente alteración asume la condición precaria que muy a menudo acompaña a la producción artística contemporánea, marcada por la dificultad expositiva y, sobre todo, de almacenamiento, que empujan a los artistas a trabajar con materiales efímeros.

Uno de los aspectos más desafiantes de la propuesta escultórica es el lúcido uso de la figuración. Para Mikel Adán, la reproducción reconocible de formas reales se convierte en una herramienta imprescindible para aproximar su discurso al público. En este sentido, la representación figurativa de flores autóctonas funciona como puente entre el lenguaje material y la perceptiva experiencia del espectador.

La mantequilla se consolida así como un material idóneo para la articulación discursiva de la exposición. Sin embargo, se trata de un material problemático en sí mismo: es un alimento que requiere una elevada producción ganadera e industrial. Consciente de esta contradicción, el artista ha optado por hacer uso de mermas de mantequilla industriales, incorporando así una reflexión sobre el aprovechamiento de recursos en el arte contemporáneo.

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