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Exposiciones

Refundar la forma: el escultor Gabrial en el Grand Palais

Gabriel, Cripsi.
Refundar la forma: el escultor Gabrial en el Grand Palais

Al inicio de temporada (2026) anuncié en esta revista el regreso de la forma a la creación contemporánea a partir de la exposición de tres jóvenes escultoras: Eva Fàbregas, Teresa Solar y Nathalie Rey, entre otros. Ahora tengo una muy buena oportunidad de remachar el clavo con motivo del “retorno” a la escena expositiva del escultor Gabriel, porque su obra, desde hace años, es pura forma. El escultor expone con Alzueta Gallery en Art Paris, en el Grand Palais, entre el 9 y el 12 de abril.

Regreso

Gabriel es uno de los escultores más representativos de la escena artística de la generación de los ochenta, junto a Cristina Iglesias, Juan Muñoz, Sergi Aguilar, Susana Solano, Txomino Badiola, Peio Irazu, Jaime Plensa, Miquel Navarro, Tom Carr y Fernando Sinaga. Todos ellos tienen en común que sus obras alcanzan la potente fuerza de la materia y la forma.

Haciendo uso del tópico, diría que no necesita presentación pero, como la memoria es débil, citaré a algunos críticos que, como yo, se interesaron por su trabajo: José Corredor Matheos, Teresa Camps, Vicente Altayón, J. Sala Sanahuja, D. Cameron, Kevin Power, G. Dorfles, Menene Gras, Fernando Castro, Pedro Bufill, Gloria Bosch, Rafael Argullol y Ricard Planas. Todos coincidimos en resaltar tanto su singularidad como la valía de la aportación a la creación de un nuevo axioma de contemporaneidad que nos permita el comportamiento de la causa del arte.

  • Gabriel, Midstuff.

Gabriel es un escultor que, aunque pertenece a una generación de la llamada nueva escultura española, ha llevado siempre un trabajo solitario. Aunque en aquellos años 80/90 fue un claro referente de las exposiciones en ESPAIS Centro de Arte Contemporáneo de Girona, donde exponía regularmente, diría que creó tendencia a toda una generación. Nunca ha querido habitar el centro; se encuentra más acogido por la periferia. Dice que esto le permite ir al sustrato de las cosas, elaborar un discurso propio sin referencias y crear desde el exterior del sistema: "porque el sistema te da la respuesta que él desea, y esto es incompatible con la creación".

La obra de Gabriel se representa a sí misma, no necesita argumentaciones complementarias, pero, en mi opinión, tan importante es la materialidad física de las esculturas como los textos que ha escrito para acompañarlas: los poemarios La rossor de la tenebra y Sic et non . También el ensayo Ultra la forma autárquica – El arte sin significado (Viena Ediciones) o las numerosas reflexiones –más de 150– que han acompañado sus exposiciones a lo largo de estos años y que de forma constante ha ido escribiendo sobre su obra. Este camino culminará próximamente con un libro, todavía en edición, que se llamará Polutropon: un axioma sobre el arte , donde definirá perfectamente los fundamentos de la práctica artística.

Anorreamiento

A pesar de mi gran interés por su obra y pensamiento, tengo la extraña sensación de que las herramientas de las que dispongo como crítico no son las adecuadas para acercarme a su arte. Ante estas esculturas recientes, veo surgir esa impotencia y las mismas sensaciones que tenía hace unos años. Me pregunto por qué y me propongo encontrar respuestas para ayudar al espectador a acercarse a la obra hermética de ese escultor.

Creo que he encontrado algunas razones de esa imposibilidad. En primer lugar, el ideario de Gabriel se fundamenta en una actitud aniquiladora de todas las convenciones que tenemos sobre el arte. Éste es un punto de partida que te pone una mano en la boca. Porque, como dice su máxima, “anihilar: ultra el yo autárquico”, nos propone ir contra el “yo”, que es uno de los cimientos del arte contemporáneo y de la opinión crítica que hemos ido construyendo a lo largo de más de doscientos años, desde el romanticismo hasta ahora. Nos propone superarlo cuando todos estamos demasiado apegados a las opiniones, convenciones y gustos artísticos de la época.

  • Gabriel, El centro absoluto es la puerta del vacío.

Una segunda razón de esta dificultad de acercamiento es que cuestiona de raíz los estereotipos sobre los que se ha edificado la cultura, reclamando un estado originario en el que se exige clarividencia, recogimiento y silencio. Entiendo esta actitud porque también pertenece a toda una generación, la que bautizamos como contracultura. Pero Gabriel es aún más radical y nos propone un posthumanismo que vaya más allá de este yo autárquico, dominador y omnipresente. Por eso, el sujeto que quiere afirmarse ante su obra acaba siendo derrotado por ella. La identidad queda cuestionada, incluso la del propio autor, que pone en crisis la suya, como si sólo fuera un mero transmisor.

Enigma

La tercera dificultad está en el enigma. Dadas estas condiciones, a todo aquél que interpreta su obra le resulta que afirmar, argumentar o demostrar son infinitivos que quedan neutralizados por la presencia densa de sus obras. Un respetuoso silencio ante la fuerza ignota de la materia primordial con la que trabaja. Por ejemplo, quizás fue el primero, José Corredor Matheos, y últimamente José Castro Flórez.

Todos han abordado la obra de Gabriel y nos hablan de ese enigma. José Corredor Matheos dice: "La obra de Gabriel es una de las más interesantes y enigmáticas de los años ochenta… Los materiales utilizados le sirven para evocar, con la ambigüedad necesaria, temas y lenguajes simbólicos y míticos. Y no nos referimos sólo o principalmente a temas o situaciones en las que la apertura al misterio es más o menos explícita, sino también que nos inquieta… Su obra está a caballo de una evocación de lo primitivo que se encuentra bajo nuestra racionalizada vida cotidiana… un reto al que se quiere dar respuesta.”

Por su parte, Castro Flórez argumenta que la retórica material le da el enigma: "Es indudable que en la propuesta escultórica de Gabriel aparece una preocupación constante por el material, por el sentido de la imaginación material. Y de ahí, como asegura Bachelard, aparece el espacio intangible de la imaginación, la entrada en el círculo hierro " . Y, en consecuencia, del enigma simbólico que obliga a liberar la mirada de los condicionamientos que suponen los hábitos hereditarios.”

“Enigma, materia, esconder y mostrar algo que nos inquieta, evocación de un estado primitivo bajo la vida racionalizada, un reto al que dar respuesta” son algunas de las ideas que se encuentran en estas reseñas. Para abordar los enigmas, no nos sirven los usos superficiales del intelecto; sin embargo, son muchos los que han escrito sobre él con un intento —como lo que aquí estoy haciendo— de acceder a su sentido.

  • Gabriel, Humbaba.

Materia: “El arte es el sueño de la materia” (Gabriel)

Una cuestión muy importante es que ese enigma no es un elemento añadido, sino que se encuentra en la misma escultura, en su piel, en su materia, en su forma. No hay más: aquí está todo. Muchas obras y exposiciones actuales se fundamentan en presupuestos sociológicos, lingüísticos, antropológicos o políticos, que no dejan lugar a quienes, como él, todavía siguen investigando en los lenguajes de la materia y la forma en la obra de arte.

Mencionaré aquellos materiales con los que trabaja: son más que simple materia, son los signos emblemáticos de un axioma fundamental que implica la materia y la forma. Este hilemorfismo alude al equilibrio entre materia y forma, que no es otra cosa que la interacción entre el material que escoge y la forma que nace en él. He aquí la gran importancia de lo que ha utilizado en las obras de esta exposición, y que algunas de ellas acompañan el texto: caucho, madera, fundición de aluminio, acero inoxidable, metacrilato, madera lacada, alabastro, vidrio, clavos, tela dorada, latón.

Con estos materiales está convocando a las fuerzas que arrastran. Porque, como dice una de sus frases-concepto, “la forma es el sueño de la materia: quizás hagamos formas para contemplar ese sueño.”

La fuerza ignota de la materia es primordial y es invocada por su rito de creación. Este poder de la materia es uno de los atractivos magnéticos de las obras de Gabriel para el espectador, que permanece siempre sorprendido. Se crea un extraño isomorfismo: nos sentimos atraídos por la dureza y ductilidad de los materiales escultóricos. Al captar la pulsión de la materia nos adentramos en un nuevo cosmos, es decir, en un nuevo orden.

Forma y preforma

Una dificultad más de acercamiento a su obra ya sus ideas sobre el arte es la noción de forma y preforma. Estas palabras esenciales del arte arrastran el estigma de ser tildadas de formalismo, manierismo o esteticismo. Nada más lejos de la consideración de este escultor, que, de hecho, reivindica la metáfora y la forma y nos abre la puerta al abismo, no a su comprensibilidad placentera.

Reivindica la forma porque no hay lenguaje ni pensamiento si éste no está construido por la forma; por otra parte, tampoco habría ni enigma ni símbolo.

De hecho, me gusta la idea de que la preforma es lo anterior a la misma forma, como si fuera la palabra antes del lenguaje. El lugar en el que habitan las preformas de Gabriel parece sacudir la conciencia. Formas extrañas que, rompiendo las convenciones de la mirada, aparecen con la fuerza del magma originario donde han sido gestadas. Nos remiten al origen de un tiempo anterior, al logos , anterior al momento de hacerse la tierra. Trabaja con la fuerza que tiene la palabra de quien llama algo por primera vez.

Sus obras liberan la forma de su contaminación culturalista; van incluso más allá de la noción de abstracción o figuración, más allá de la materialidad o virtualidad, buscando siempre la contundencia de los primeros niveles, más allá de los sentidos primarios.

Dadas estas circunstancias que he ido determinando, se confirma el principal argumento inicial sobre la inaccesibilidad de la obra de Gabriel.

Es consecuente con la idea de que sostiene que el arte es inaccesible, inalcanzable mediante las estrategias racionalizadas y culturizadas que pretenden invadir el núcleo. La única forma es hacerlo tangible a través de la materia y la forma, la cual genera un grito atronador lanzado a la infinidad del espacio. Por eso sus obras parecen de un tiempo que está por venir.

Las obras de Gabriel no necesitan al espectador. Sus brillos radiactivos expulsan al curioso; son autárquicas, íntegras, les gusta la soledad, no necesitan la complicidad de nadie.

En esta exposición en París presenta obras con títulos crípticos como: “Cripsis”, “Midstuff”, “Gorgona”, “Karker”, “Oracle”, “Humbaba”, “Aula teofánica”, “Plectopos” o “Psicopompo”. Todas en busca de la forma precisa, la forma que contiene el tiempo. Existen los secretos de la creación: el caos vinculado al orden, lo orgánico con lo inorgánico, la piel con su musculatura interna, el peso matérico de la obra con las revelaciones que crea la luz.

No hay placer en el proceso de creación de Gabriel, como en este objeto de aparente densidad insostenible y superficie metálica escamada por miles de cabezas de clavo, ni en los pliegues y rugosidades de la madera lacada.

Estas obras, en su oscuridad, se corresponden con el programa presentado en Art Paris 2026 por la Galería Alzueta, centrado en el negro como lenguaje esencial y elemento definidor de la historia del arte español. Para Velázquez y Goya, así como para Tàpies, Chillida y miembros del grupo El Paso como Saura y Millares, el negro ha sido una matriz expresiva asociada tanto a la profundidad material como a la dimensión espiritual.

Las esculturas conceptuales de Gabriel, elaboradas en madera y clavos martilleados, amplían esta exploración de la materialidad y el gesto a tres dimensiones. La materia y el gesto prevalecen sobre la imagen, donde las obras ofrecen una experiencia cohesionada y poderosa, heredada de la tradición pero proyectada, con voz contemporánea, hacia el futuro.

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