En una sociedad atravesada por la urgencia y la productividad constante, el tiempo ha dejado de ser una experiencia para convertirse en una exigencia. El síndrome de la gallina ponedora nace precisamente de esta tensión: una exposición en el Museo Archivo Tomàs Balvey de Cardedeu que se podrá ver hasta el 25 de mayo que interroga la aceleración contemporánea y sus consecuencias sobre cómo vivimos, imaginamos y proyectamos el futuro.
A través de las propuestas de Laura Llaneli, Biel Llinàs, Raquel Friera y Xavier Bassas, la muestra pone en cuestión las formas de autoexplotación cotidiana que a menudo asumimos como inevitables. Lejos de limitarse a una crítica abstracta, las obras abren rendijas: otros ritmos, otras percepciones, otras formas de habitar el tiempo.

El proyecto del Instituto del tiempo suspendido, desarrollado por Friera y Bassas, dialoga con las prácticas de Llaneli y Llinàs para situar el tiempo como materia central de reflexión. No se trata sólo de medirlo o representarlo, sino de desbordarlo, de interrumpir su lógica lineal y productiva para recuperar espacios de pausa y experiencia.
Comisariada por Mercè Alsina y Enric Maurí, la exposición articula un conjunto de propuestas objetuales, sonoras, instalativas y performáticas que invitan a repensar el uso del tiempo en la sociedad contemporánea. En ese sentido, el arte se reivindica no sólo como espacio de representación, sino como un acto de resistencia temporal.

El síndrome de la gallina ponedora no ofrece respuestas cerradas, sino preguntas necesarias: ¿es posible desacelerar? ¿Podemos imaginar futuros fuera de la lógica productivista? Y, sobre todo, ¿cómo recuperar el tiempo como espacio compartido, colectivo y abierto a la posibilidad?
En un presente saturado de inmediatez, esta exposición se convierte en una invitación a detenerse. A escuchar. A pensar de nuevo el tiempo —y, con él, el futuro.