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Editorial

Cultura bajo presión: multipolaridad, capital simbólico y Trump

Cultura bajo presión: multipolaridad, capital simbólico y Trump

Estados Unidos construyó su liderazgo global no solo desde la economía o la diplomacia tradicional, sino desde la cultura. Durante décadas, su sistema cultural fue el principal generador de legitimidad simbólica internacional. Nueva York no era únicamente una ciudad con grandes museos; era el lugar donde se decidía qué era relevante en el arte contemporáneo. Guggenheim, MoMA o el Metropolitan funcionaban como nodos de validación global dentro de un ecosistema sostenido por mercado, filantropía, universidades y diplomacia cultural estratégica. Ese capital simbólico se acumuló durante décadas. Su erosión –con la eclosión de nuevas centralidades planetarias–, aunque no abrupta, empieza a ser perceptible. Las políticas coercitivas, intimidatorias y desproporcionadas de la era Trump, también en las artes y en los criterios curatoriales de museos y centros culturales, hacen a menudo desagradable un país que siempre se había mostrado receptivo en incorporar, por ejemplo, el talento, viniera o no de fuera de sus fronteras; las fronteras, las cicatrices de la historia.

ARANCELES: FRICCIÓN EN EL SISTEMA CULTURAL

La entrada en vigor de aranceles globales del 10% sobre importaciones introduce fricción directa en el ecosistema cultural. El mercado del arte depende de movilidad constante: transporte de obras, préstamos internacionales, ferias, circulación de coleccionistas y capital. En una etapa donde arte, lujo y activos digitales operan como clase de activos influida por geopolítica y liquidez, la previsibilidad normativa es esencial. Cuando aumenta la incertidumbre jurídica y comercial, el capital busca estabilidad. Las normativas contra el blanqueo de capitales han profesionalizado el mercado, pero también han incrementado la carga operativa. Transparencia y control son necesarios; exceso de regulación reduce agilidad, especialmente en galerías medianas y colapsa las pequeñas. En mercados altamente competitivos, pequeñas variaciones estructurales generan desplazamientos progresivos de capital.

Datos recientes del mercado internacional muestran que, aunque el volumen absoluto estadounidense sigue siendo superior, las tasas de crecimiento relativo en ciertos segmentos emergentes latinoamericanos superan las de mercados maduros. La diferencia no es de tamaño inmediato, sino de tendencia acumulativa. En España, un IVA cultural del 21% pone en peligro la competitividad de todo el sector, mientras que en la misma Europa los IVAs culturales de los países no llegan al 6% de mediana. En un lugar, el arte y la cultura son un bien a proteger; en el otro, son un objeto de lujo. En Europa se refuerza la estabilidad institucional —aun con crisis internas y auge de la ultraderecha— y marcos regulatorios armonizados. Asia combina eficiencia logística e inversión estratégica en industrias culturales. América Latina fortalece autonomía narrativa. El sistema cultural global se vuelve multipolar.

LAS FERIAS Y LOS NUEVOS EJES

El impacto de las políticas trumpistas alcanza también a las plataformas feriales. Miami ha sido el puente natural entre Estados Unidos y América Latina. El modelo funcionaba con precisión: legitimación institucional en Nueva York, transacción en Miami y expansión internacional posterior. Sin embargo, el aumento de costes y la incertidumbre obligan a recalcular riesgos. Mientras tanto, Zona MACO en Ciudad de México y ARTBO en Bogotá amplían influencia. Ya no actúan como ferias periféricas, sino como nodos regionales con capacidad de atracción internacional. El ejetradicional Nueva York–Miami convive ahora con circuitos más horizontales: Ciudad de México–Bogotá/Medellín–São Paulo, conectados directamente con Europa y Asia. El fortalecimiento del coleccionismo mexicano y colombiano consolida esta tendencia. México cuenta con una base sólida de coleccionistas privados con capacidad internacional.

Colombia ha incrementado su presencia global acompañada de crecimiento interno y con artistas siempre muy solventes. La legitimación ya no depende exclusivamente del fi ltro neoyorquino. Así pues, si las ferias son termómetro comercial, las bienales son laboratorio simbólico. La Bienal de São Paulo se mantiene como uno de los eventos infuyentes del calendario internacional, actuando como polo estructural de legitimación. A diferencia del modelo centrado en transacción (galerías, ferias, subastas…), la bienal construye narrativa, y el relato es capital simbólico.

Argentina atraviesa, desde hace décadas, precariedad estructural derivada de la inestabilidad económica y, si le sumamos, las nuevas políticas histriónicas de Javier Milei, terminamos reduciendo capacidad de mercado, aunque se mantiene potencia intelectual. Chile consolida escena curatorial incisiva con potencial proyección internacional. Perú y Ecuador emergen de forma intermitente con propuestas que combinan un fuerte debate entre memoria, identidad indígena y experimentación contemporánea. No son mercados consolidados, pero sí focos de densidad cultural.

ESCENARIO 2030

Si la fricción estructural se mantiene, el mapa cultural tenderá a distribuir legitimación y mercado en varios polos simultáneos. Nueva York seguirá siendo referencia, pero desde hace tiempo compite i/o dialoga con París, Berlín, Barcelona, Londres, Madrid, Hong Kong, Seúl, Ciudad de México, Venecia, Istanbul, Malta, Turín, Boloña, Bogotá, Medellín, Lisboa, Porto o São Paulo... Las decisiones curatoriales y de mercado hace tiempo que no dependen de un único eje vertical, sino de una red interconectada donde la validación circulará en múltiples direcciones.

La historia cultural demuestra que las capitalidades cambian cuando el entorno deja de favorecer circulación, confianza y apertura. No es una cuestión ideológica, sino estructural. Cuando el centro introduce fricción constante, la periferia –nuevas centralidades– aprende a organizarse y a construir legitimidad propia. Estados Unidos puede o está ya perdiendo talento creativo, pero pierde, esencialmente, monopolio simbólico en aras de una multipolaridad planetaria. Y ya sabemos que el monopolio simbólico es el núcleo del soft power cultural.

UN MUSEO PARA CREER

La Fundació Lluís Coromina Isern, este año presenta en la Feria ARCO de Madrid, el proyecto del Museu Centre d’Art Contemporani del Pla de l’Estany, diseñado por el arquitecto y escultor Josep Miàs. Inspirado en modelos como el Chillida Leku o el Lousiana Museum, el proyecto prevé integrar casi cuatro hectáreas de entorno natural con pabellones que dialogarán entre arte antiguo y contemporáneo. Es un proyecto que tengo el gozo de dirigir desde hace quince años, desde su formación, y que ahora se trasluce en este museo como culminación de una tarea sostenida en el tiempo, impulsada por la energía y el entusiasmo de su presidente y creador.

  • Dibujos del escultor y arquitecto Josep Miàs del futuro Museo-Centro de Arte Contemporaneo Lluís Coromina Isern.

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