El nuestro es un mundo de múltiples capas y percepciones. La realidad, en el sentido más primitivo de la palabra, no es algo definitivo; más bien, puede que, la realidad sea una forma de entender nuestro alrededor como espacio habitable y tangible. La ficción ya no se presenta como algo ajeno a ese sentido de realidad, o verdad, sino como una capa más que se añade y reorganiza nuestra percepción del concepto.
En ese tiempo de velocidad, pues; un tiempo de inmediatez en el que la realidad tiene más que ver con la interpretación mediática, Rosa Brun nos pide paciencia. A través de esta nueva exposición, Paisajes para un mundo inestable —presentada en la galería Seltz (Barcelona), hasta el 20 de mayo— el artista diseña una serie de piezas en las que la memoria, la experiencia y el tiempo son clave en la comprensión y el descubrimiento de estos paisajes que son, a su vez, obra y paisaje individual.

Granza, 2013.
El color es importante en el viaje que propone Brun; también la forma. Situado en el punto de fricción entre la realidad y la ficción, entre la propuesta y la experiencia individual y colectiva, el conjunto de la exposición -conjunto que mezcla pintura y arquitectura para crear un único formato que no es ni uno ni otro, pero uno nuevo- pretende proponer al espectador una búsqueda hacia los rincones de la memoria para completar, o complementar. Cada pieza, pues, funciona a la vez como estructura y como evento en el que la mirada del espectador es tan importante como la del artista.
Paisajes para un mundo inestable se apropia del tiempo y del espacio expositivo para generar un espacio donde la complejidad es experimentada sin simplificaciones ni explicaciones; donde, a través de cada pieza, el espectador es capaz de generar su propia realidad a partir de ella sin necesidad de una abstracción específica.

Sextanos, 2014.