Lo Pati – Centro de Arte de las Terres de l'Ebre, situado en Amposta, orienta su programación de 2026 hacia una mirada abierta al Mediterráneo, entendido no sólo como un espacio geográfico sino como un territorio compartido de circulación cultural, historias cruzadas y nuevas formas de imaginación artística. El centro propone así una reflexión sobre el mare nostrum como generador de relatos híbridos, movilidades y transformaciones sociales que siguen redefiniendo la cultura contemporánea.
La nueva línea programática responde a los ejes impulsados por el nuevo director del centro, Jaume Vidal, en colaboración con el equipo de Lo Pati. Su propuesta sitúa al Mediterráneo como marco conceptual desde el que pensar las prácticas artísticas actuales, poniendo en diálogo artistas, comunidades y territorios que comparten esta cuenca cultural.

A lo largo del año, el centro desplegará una programación que reunirá cerca de setenta artistas, consolidando Lo Pati como un espacio clave de exhibición, investigación y producción artística en las Terres de l'Ebre. Exposiciones, instalaciones, acciones comunitarias, conciertos y festivales configurarán un calendario diverso que refuerza el papel del centro como plataforma de creación contemporánea arraigada en el territorio pero conectada con dinámicas culturales internacionales.
Entrevista a Jaume Vidal: Nueva etapa en Lo Pati – Centro de Arte de las Terres de l'Ebre
¿Cuáles son los cambios que quieres realizar respecto a la etapa anterior?
No podría tener más respeto por el trabajo realizado por las tres personas que me han precedido en la dirección. Valoro profundamente cada una de sus acciones al frente de Lo Pati. De hecho, en los próximos años hay poco que quisiera enmendar: mi voluntad es dar continuidad a los proyectos ya arraigados, intentando dotarlos de estructuras más desjerarquizadas y abiertas.
¿Cuáles son las principales prioridades estratégicas de tu proyecto?
Para dinamizar un centro de arte en las Terres de l'Ebre no se puede obviar el contexto. Es necesario abrazar la ruralidad y entender las potencialidades de la periferia. Mi interés -y espero que también el de nuestros públicos- es dar un giro respecto al foco eurocentrista que a menudo domina las prácticas artísticas contemporáneas y abrir la mirada hacia un redescubrimiento de las culturas que nos han configurado históricamente. Muchas de estas culturas tienen su origen en procesos de movilidad y de intercambio compartidos dentro del Mediterráneo.
De cara a los próximos tres o cuatro años, ¿cuál es la visión que tienes para el centro?
Lo Pati ha construido a lo largo de los años una idiosincrasia propia gracias a proyectos muy situados en el territorio. Nuestro objetivo es consolidar esta identidad y, al mismo tiempo, convertir el centro en un nodo de conexión entre artistas, agentes culturales y proyectos de distintas regiones del Mediterráneo.
¿Qué tipo de programación quieres potenciar especialmente?
Hay un claro esfuerzo por visibilizar todas aquellas acciones que tienen lugar en un centro de arte y que van más allá de las prácticas estrictamente expositivas. Hablo de mediación, formación, investigación, procesos de trabajo, publicaciones -tanto divulgativas como académicas- o residencias artísticas. Todas estas dimensiones forman parte esencial de la vida del centro.
¿Tienes previsto mantener líneas o ciclos fijos como residencias, festivales o proyectos educativos?
Sí, los proyectos ya arraigados seguirán siendo una parte fundamental de Lo Pati. Entre estos se encuentran el mundo FILMAT, el Aula en Lo Pati, Feme in Arts, Els Ports, Naturaleza y Artes, la BIAM y, si me permite el lujo de mencionarlo también, el festival Eufònic.
Este año, además, estamos muy satisfechos de ver la buena acogida que está teniendo Lo Safareig, una continua programación entre mediación artística y formación. El nombre ya da pistas de su espíritu: la alberca es un espacio de transmisión horizontal del conocimiento, productivo pero también lúdico, voluntario y colaborativo.
¿Quieres dar mayor visibilidad a los artistas consolidados oa los emergentes?
Es una pregunta provocadora —podríamos incendiar la entrevista hablando de si los artistas consolidados han dejado nunca de ser emergentes en un contexto en el que a menudo se reclaman mejoras como el IVA cultural pero las respuestas son escasas. Pero entiendo la intención de la pregunta. En las Terres de l'Ebre las plataformas de difusión artística son limitadas: hay pocos espacios expositivos, muy poca crítica de arte y escasas estructuras de apoyo. Ante esta realidad, Lo Pati debe tener en cuenta todo tipo de manifestaciones artísticas, independientemente de la trayectoria de los artistas.
¿Cuál es tu estrategia para atraer a nuevos públicos?
La población de las Terres de l'Ebre ha cambiado mucho en las últimas décadas. Aproximadamente un 35% de la población tiene trayectorias migratorias: expados, personas refugiadas o en tránsito. Si los relatos que proponemos no interpelan a esta realidad, y si sus experiencias no forman parte de nuestra programación, estamos perdiendo una oportunidad clara de llegar a nuevos públicos.
¿Qué acciones de mediación y educación cultural consideras esenciales para conseguirlo?
Debemos tener muy presente que no podemos dar nada por supuesto. No podemos asumir que todas las personas que visiten el centro o reciban nuestra información tienen los mismos conocimientos previos. Como profesor, creo mucho en la idea de la transposición pedagógica: el conocimiento debe estar siempre disponible y accesible. Si utilizamos un registro inadecuado, sólo conseguiremos aumentar la distancia con el público. En proyectos como Lo Safareig esto se hace especialmente evidente.
¿Cómo tienes previsto gestionar los recursos limitados del centro?
Lo primero es entender qué tipo de centro somos, con qué equipo contamos y con qué recursos trabajamos. A partir de ahí, se trata de adaptar el proyecto a esta realidad y actuar con coherencia.
¿Qué riesgos crees que pueden marcar esta nueva etapa?
Vivimos en un contexto complejo: la guerra, el auge de la extrema derecha, el cambio climático, el IVA cultural, la precariedad del sector creativo, la dificultad de acceso a la vivienda, el extractivismo o la fragilidad del Delta del Ebro. Muchos de estos riesgos no podemos controlarlos directamente, pero sí podemos afrontar su incidencia a través del trabajo cultural y de los proyectos que proponemos.