El artista y fotógrafo ruso Dmitry Sirotkin, de reconocimiento internacional y estrechamente vinculado al Museo del Hermitage, ha creado la nueva exposición, Filtracions , en la Casa de Cultura de Girona. La muestra propone una intensa reflexión visual sobre la violencia, las dinámicas de poder y el destino de la humanidad a través de un lenguaje fotográfico contundente y simbólico. Organizada por la Casa de Cultura de la Diputación de Gerona con la colaboración de la Fundación Fita, la exposición temporal se podrá visitar hasta el 10 de enero.
El proyecto que el artista presenta bajo el título Filtracions plantea una reflexión profunda sobre las ambiciones eternas del ser humano y los impulsos de dominación que, a lo largo de la historia, se reproducen de forma cíclica. Cuando la tragedia se percibe como lejana, tiende a parecernos extraña; pero cuando el conflicto se acerca, la frágil línea que separa el presente de las catástrofes del pasado se rompe.

La propuesta es también una meditación sobre la violencia, entendida como un elemento inseparable de la condición humana, que reiteradamente ha conducido a la desaparición de civilizaciones y ha empujado a la humanidad hacia su propia destrucción.
La instalación construye un universo visual en el que conviven la imagen de un museo en reposo, cerillas ya consumidas y vestigios arquitectónicos de imperios desaparecidos. El techo, decorado con molduras barrocas, parece hincharse y gotear un agua que se cuela dentro de vainas oscurecidas. De las capas de yeso y cal surgen, como si fueran moho o espectros de frescos antiguos, fragmentos de grabados que evocan las guerras coloniales de Alejandro Magno. En la mesa donde cae el agua, los mapas geográficos se vuelven blandos e imprecisos: países, ciudades y escenarios de batalla se confunden y pierden sus contornos, disolviendo cualquier frontera definida.

Paralelamente, el proyecto apunta hacia una segunda espiral, aún más acelerada: la del desarrollo tecnológico, que hoy pone en riesgo la supervivencia misma del planeta. A través de su obra, Sirotkin lanza interrogantes incómodos, pero necesarios: ¿es razonable seguir sometiéndonos a nuestras propias ambiciones? ¿Somos capaces de frenarnos antes de llegar a la autodestrucción? ¿O la violencia y la agresividad forman parte de una naturaleza humana tan arraigada que hace imposible romper ese círculo repetitivo?
La historia nos recuerda que incluso los imperios más poderosos han acabado colapsando, cegados por la voluntad de dominio y acumulación de riqueza. Ante este precedente, la pregunta persiste: ¿ha aprendido algo la humanidad de su pasado? ¿Hemos evolucionado realmente si seguimos incapaces de superar las mismas fragilidades?