Una de las propuestas actuales del MALBA trasciende la idea de homenaje o de recuperación histórica: se trata de una invitación a reflexionar sobre cómo ciertas prácticas artísticas del pasado siguen dialogando con nuestro presente, desafiando límites y expandiendo horizontes. La muestra Margarita Paksa. Ideas correspondientes, 1964–1984 estará abierta hasta el 16 de febrero y pone en primer plano a una artista que se consolidó como una figura clave del arte argentino y latinoamericano.
En el marco de la celebración por sus 25 años, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) vuelve a posicionarse como un actor central de la escena cultural contemporánea con una exposición que excede la lógica conmemorativa. El recorrido abarca dos décadas decisivas en la producción de la artista, un período atravesado por la experimentación, la expansión de los lenguajes y el cruce entre arte, tecnología y política. A lo largo de la exposición se vuelve evidente que Paksa no solo fue una figura clave de su tiempo, sino también una creadora capaz de anticipar debates que hoy siguen abiertos. Su obra, lejos de quedar fijada en una coyuntura histórica específica, mantiene una potencia crítica que interpela al espectador contemporáneo, incomoda las miradas complacientes y activa nuevas formas de reflexión.

Comisariada por Nancy Rojas, la muestra reúne más de 60 obras que incluyen instalaciones, piezas gráficas, objetos, documentación y proyectos. Este conjunto permite comprender por qué Margarita Paksa se consolidó como una figura central del arte contemporáneo argentino y por qué fue pionera en explorar las intersecciones entre arte, tecnología, sonido y pensamiento político.
Margarita Paksa se adelantó a su tiempo al desarrollar narrativas multimediales mucho antes de que el concepto existiera en el discurso artístico. En su obra, el sonido, la tecnología y el lenguaje se presentan como materiales tan esenciales como la imagen o el objeto, ampliando las posibilidades expresivas y redefiniendo los límites del arte contemporáneo.

El pensamiento político atraviesa de manera constante la obra de Paksa, cuyo trabajo dialoga con las corrientes feministas de su tiempo y mantiene una mirada crítica frente a los gobiernos represivos y dictatoriales. Al mismo tiempo, la sensualidad, el erotismo y la dimensión sensorial ocupan un lugar central en su producción. En varias de sus piezas, la escucha adquiere la misma relevancia que la mirada, transformando al espectador en un participante activo de la obra y haciendo de la experiencia artística un encuentro vivo y envolvente.