La inauguración del nuevo edificio del Museo de Bellas Artes el pasado mes de octubre se consolidó como un hito de renovación arquitectónica y reafirmación cultural en la capital vasca. Para celebrar esta nueva etapa, el museo abrió sus puertas con una exposición de especial relevancia, Georg Baselitz. Pinturas 2014–2025. Algo en todo, que podrá visitarse hasta el 1 de marzo.
Comisariada por el historiador del arte Norman Rosenthal, la muestra constituye una ocasión excepcional para acercarse a la producción más reciente del pintor alemán. A través de un conjunto de 50 obras realizadas en la última década, la exposición ofrece una visión concentrada y poco habitual de la evolución formal y conceptual de Baselitz en sus años más recientes, subrayando la vigencia y la radicalidad de una de las figuras clave del arte contemporáneo europeo.

La exposición de Baselitz se despliega en la planta más elevada y luminosa del nuevo edificio, un espacio que potencia la intensidad cromática y la escala monumental de las obras. "Su trabajo se sostiene en un equilibrio muy delicado entre la abstracción y el figurativismo. Son pocos los artistas contemporáneos capaces de apoyarse en la tradición de los grandes maestros, y Baselitz es uno de ellos", afirma el comisario británico Norman Rosenthal, aludiendo también a cómo el propio artista se ha convertido en el principal referente y eje de su producción más reciente.
La muestra se articula en torno a una serie de variaciones de la figura humana, resueltas mediante gamas cromáticas de gran potencia expresiva. Se trata de cuerpos estilizados, a menudo reclinados, que —como señala Rosenthal— remiten de manera recurrente al propio Baselitz y a su esposa, Elke. Todas las piezas, de gran formato y en algunos casos de hasta seis metros de altura, refuerzan una presencia física rotunda que envuelve al espectador y subraya el carácter introspectivo y persistente de esta etapa de su pintura.

El comisario se detiene también en el momento de revelación a partir del cual Baselitz decidió invertir la figura y pintar sistemáticamente sus obras boca abajo, un gesto que marcaría de forma decisiva su lenguaje pictórico. En otras piezas, la figura humana se disuelve hacia territorios más abstractos o parece fragmentarse bajo pinceladas violentas, casi cortantes, que atraviesan la superficie del lienzo. Algunas obras se inclinan abiertamente hacia la abstracción, construidas a partir de campos de color puro —verdes, azules, naranjas—, mientras que otras adoptan la forma de collages en los que se incorporan medias femeninas, tejidos y velos.
"En el fondo es un profeta", ironiza Rosenthal, "porque basta con mirar a nuestro alrededor para comprobar que el mundo está del revés: Ucrania, Gaza, Estados Unidos, Gran Bretaña…". Una afirmación que conecta la radicalidad formal de la obra de Baselitz con una lectura simbólica del presente y su desorden global.
