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Armando Villegas, el arte del mestizaje como lenguaje

Una retrospectiva en el centenario de su nacimiento reúne más de 150 obras para revisar seis décadas de trayectoria de uno de los pioneros de la modernidad artística colombiana.

Armando Villegas, el arte del mestizaje como lenguaje
bonart bogotà - 03/09/26

Armando Villegas ocupa un lugar singular en la historia del arte moderno en Colombia. Su obra, difícil de encasillar en una única corriente, transitó entre la abstracción y la figuración, la geometría y la fantasía, la tradición occidental y los imaginarios prehispánicos. En el centenario de su nacimiento, una gran retrospectiva reivindica la amplitud de una trayectoria desarrollada durante más de seis décadas y propone una nueva lectura de uno de los artistas fundamentales para comprender la consolidación de la modernidad artística colombiana.

La exposición, comisariada por Valentina Gutiérrez Turbay junto con la Fundación Armando Villegas, reúne más de 150 obras realizadas entre la década de 1950 y 2013. El recorrido permite observar las distintas etapas de una producción que nunca dejó de transformarse y que llegó a superar el centenar de exposiciones individuales. La muestra puede visitarse hasta el 17 de enero de 2027 en la Sala Carlos Rojas, en el tercer piso, y la Sala Marta Traba, en el primero, del recinto museal.

Nacido en Pomabamba, en los Andes peruanos, en 1926, Villegas creció en un entorno marcado por la pintura colonial y por una tradición familiar vinculada a la artesanía. Esa convivencia temprana entre arte, oficio y cultura material acabaría siendo determinante en su manera de entender la creación. En 1951 se trasladó a Bogotá gracias a una beca para estudiar pintura mural en la Universidad Nacional de Colombia. Su llegada coincidió con un momento de profundas transformaciones en la escena artística del país.

Tres años después presentó su primera exposición individual en Colombia. La muestra llamó la atención de la crítica y también de un joven Gabriel García Márquez, que percibió desde el comienzo el potencial de aquella pintura. «Tengo la satisfactoria impresión de estar asistiendo al principio de una obra pictórica asombrosa», escribió entonces el futuro Premio Nobel de Literatura.

A partir de ese momento, Villegas desarrolló una trayectoria marcada por la constante experimentación. Durante los años cincuenta se aproximó a la abstracción geométrica, para posteriormente incorporar elementos figurativos y construir un universo poblado por guerreros, vírgenes, criaturas fantásticas y referencias a las culturas prehispánicas. Su pintura evolucionó hacia un particular realismo fantástico en el que las figuras híbridas y los símbolos ancestrales adquirieron un protagonismo creciente.

Pero reducir su obra a una determinada iconografía supondría dejar fuera uno de sus aspectos más interesantes. Precisamente, la exposición plantea una revisión de la interpretación tradicional según la cual Villegas «pintó el mestizaje» a través de sus personajes y motivos. La propuesta curatorial defiende que el mestizaje es algo mucho más profundo en su producción: no solo un tema, sino una auténtica manera de construir la obra.

En sus pinturas, collages y ensamblajes conviven lenguajes que proceden de tradiciones aparentemente alejadas. La técnica académica se encuentra con la artesanía; la historia del arte occidental dialoga con los patrones geométricos del tocapu inca; la abstracción se relaciona con la figura y los referentes prehispánicos aparecen junto a soluciones formales vinculadas al cubismo. Villegas no pretende necesariamente fusionar estos elementos hasta hacerlos indistinguibles, sino mantener sus diferencias y establecer entre ellos nuevas relaciones.

Esa convivencia de mundos convierte el mestizaje en una cuestión formal y metodológica. Su obra funciona como un territorio de encuentro en el que distintas tradiciones, materiales y sistemas de representación pueden coexistir sin perder completamente su identidad. Es precisamente en esa tensión donde reside buena parte de la singularidad de su propuesta.

La exploración artística estuvo acompañada por una intensa dedicación a la enseñanza. Durante cerca de cincuenta años, Villegas ejerció como profesor en diferentes instituciones universitarias de Bogotá. Fue director de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia y participó en la fundación de los estudios de Bellas Artes de la Universidad de los Andes. Desde las aulas contribuyó a formar a varias generaciones de artistas y tuvo un papel destacado en la renovación de la enseñanza artística colombiana.

Su trayectoria cultural fue reconocida oficialmente en 1993, cuando el Gobierno colombiano, durante la presidencia de César Gaviria, le concedió la nacionalidad colombiana como reconocimiento a sus aportaciones al arte y la cultura del país y a su extensa labor pedagógica.

La retrospectiva permite seguir, a través de más de 150 piezas, ese proceso de transformación permanente. Desde sus primeras investigaciones abstractas hasta las composiciones pobladas de guerreros, figuras fantásticas y referencias ancestrales, el recorrido muestra a un artista dispuesto a cambiar de registro sin renunciar a una identidad propia.

Esa voluntad de escapar de las categorías explica también la vigencia de su trabajo. "Lo que no se puede permitir es el encasillamiento", afirmó Villegas, una declaración que resume buena parte de su actitud creativa. Frente a una historia del arte que con frecuencia ha intentado ordenar su producción bajo etiquetas concretas, su obra parece reclamar precisamente lo contrario: ser entendida desde la multiplicidad.

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