El MAC —Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca— acoge hasta el 6 de septiembre la Bienal Nacional de Arte 2026, una edición que propone revisar una de las cuestiones más persistentes de la creación artística: qué significa crear cuando toda obra parte, de algún modo, de algo que ya existe. Bajo el título El eco de un sonido que jamás se produjo. Cita, versión, copia en el arte y en la vida, la Bienal reúne propuestas que se sitúan en ese territorio cambiante donde conviven la cita, la copia, el homenaje, la versión y la reescritura.
La convocatoria recibió 242 proyectos procedentes de 22 provincias y 84 ciudades argentinas. Entre las propuestas llegaron trabajos de artistas y colectivos de Mar del Plata, Puerto Tirol, La Plata, Costa Grande, Buenos Aires y Bahía Blanca, entre otros puntos del país. El jurado, formado por Mariana Pellejero, Federico Ruvituso y Celeste Caporossi, seleccionó nueve proyectos para formar parte de la exposición y otros tres para desarrollarse como acciones y talleres durante la Bienal.
La exposición parte de una idea que atraviesa tanto la producción artística como la vida cotidiana: ninguna creación surge completamente aislada. Repetir, transformar, apropiarse, versionar o devolver una imagen modificada son operaciones que forman parte de la construcción cultural. Desde esta perspectiva, la autoría deja de entenderse necesariamente como un punto de partida absoluto y pasa a convertirse en un efecto producido por múltiples relaciones, referencias y desplazamientos.

Colectivo SinSaberlo — Fasani, Toro, Barbará, Galante, Conde, Vega, Murat, Galassi y Rodrigo, Rescate.
El resultado es una exposición de lenguajes muy diversos, en la que conviven instalación, escultura, pintura, cerámica, robótica, archivo, performance y prácticas interdisciplinarias. Las obras abordan cuestiones como la memoria y el territorio, la reconstrucción, la relación entre naturaleza y tecnología o los mecanismos mediante los cuales las imágenes se copian y circulan. En varios de los proyectos, además, el público deja de ocupar una posición exclusivamente contemplativa para convertirse en parte activa de la experiencia.
Entre los nueve proyectos seleccionados se encuentran Mi cama y la catástrofe, de Silvina Lischinsky; Ensayo para filtrar un río, de Erick Pertile; Proyecto biomímesis, de Milagros Waigadt; Monumento a Dan Flavin (Acto I), de Fran Stella; Movimientos de mínima materia, del Colectivo La copia, integrado por Montaldo, Fernández y Pontón; y Rescate, del Colectivo SinSaberlo, formado por Fasani, Toro, Barbará, Galante, Conde, Vega, Murat, Galassi y Rodrigo.
La selección se completa con Cornucopia [ATLAS], de Laura Ojeda Bär; Mesita, de Franco Palioff, y Carro Blanco 1990-2003-2026, de Pilar García y Valentín Quintaié. En conjunto, las propuestas dibujan un mapa de prácticas en el que la apropiación y la transformación funcionan como herramientas para pensar el presente.

Pilar García y Valentín Quintaié, Carro Blanco 1990-2003-2026.
La Bienal amplía además su programa con tres propuestas concebidas como acciones, performances y espacios de participación. Contraimagen, de Flor Capella; Gente que dice que no sabe dibujar, de Pablo Ramborger, y Biblioteca de copias, de Paula Giorgi, Agustina Girardi y Corina Arrieta, incorporan otras formas de relación entre artista, obra y público.
La Bienal plantea la posibilidad de entender ambos conceptos como partes de un mismo proceso. Lo que hoy parece una creación individual puede convertirse mañana en patrimonio compartido, mientras que aquello que se presenta como origen puede revelar, al observarse con mayor atención, las huellas de otras imágenes, relatos y experiencias. En ese juego entre repetición y diferencia se sitúa El eco de un sonido que jamás se produjo, una Bienal que convierte la copia no en una simple reproducción, sino en una nueva posibilidad de creación.