La exposición Mechanical Kurds de Hito Steyerl propone una mirada crítica sobre las infraestructuras ocultas que sostienen la inteligencia artificial. Presentada en el museo MACRO, en Roma, y por primera vez en Italia tras su paso por instituciones internacionales, la muestra combina una videoinstalación con elementos inmersivos para examinar las relaciones entre trabajo digital, producción de imágenes, conflicto geopolítico y tecnologías automatizadas.
El punto de partida es una pregunta sencilla: ¿quién hace posible que las máquinas "aprendan"? A través de un relato que mezcla documental y ficción, Steyerl desplaza la atención desde los algoritmos hacia las personas que participan en su entrenamiento. La artista recupera la figura histórica del “Turco mecánico”, un célebre autómata del siglo XVIII que aparentaba jugar al ajedrez por sí mismo, aunque en realidad escondía a una persona en su interior. Ese engaño sirve como metáfora para abordar las promesas de autonomía tecnológica contemporánea.

La obra se desarrolla entre imágenes registradas en el campo de refugiados de Domiz, en el Kurdistán iraquí, y secuencias generadas mediante inteligencia artificial. En ella aparecen las voces de refugiados kurdo-sirios que trabajaron clasificando imágenes para sistemas de visión artificial. Su tarea, fundamental para el desarrollo de herramientas de reconocimiento visual, revela una cadena laboral frecuentemente invisibilizada dentro de la economía digital.
A medida que avanza la narración, la exposición establece una conexión inquietante entre esas actividades de etiquetado de imágenes y el uso militar de tecnologías automatizadas. Steyerl muestra cómo los mismos territorios y comunidades que suministran datos y mano de obra para entrenar sistemas inteligentes quedan expuestos a formas de vigilancia y violencia tecnológica. La inteligencia artificial aparece entonces vinculada a redes económicas y políticas mucho más amplias que las habituales narraciones sobre innovación.
Mechanical Kurds se inscribe en una línea de investigación que la artista desarrolla desde hace años sobre el poder de las imágenes y sus efectos sociales. Más que ofrecer respuestas cerradas, la exposición invita a reconsiderar aquello que permanece fuera de campo: las personas, los recursos y los conflictos que hacen funcionar un universo digital presentado a menudo como inmaterial y autónomo.