“El patrimonio es una sustancia viva, y la innovación es la fuerza que le da vida”, Amina Agueznay
La Biennale di Venezia marcará un momento decisivo para la presencia cultural de Marruecos en la escena artística internacional. Por primera vez, el país del norte de África contará con un pabellón nacional en el histórico Arsenale de Venecia, dentro del espacio Artiglierie, donde presentará Asǝṭṭa, una instalación inmersiva concebida por la artista multidisciplinaria Amina Agueznay y comisariada por Meriem Berrada.
La exposición podrá visitarse del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026 y se inscribe en el marco conceptual de In Minor Keys, tema elegido para esta edición por Koyo Kouoh. Desde esa perspectiva, el pabellón marroquí propone una reflexión sobre los relatos silenciosos, las memorias transmitidas de mano en mano y las prácticas artesanales que sobreviven al paso del tiempo.
El título de la obra, Asǝṭṭa —palabra amazigh asociada al acto ritual del tejido—, funciona como metáfora de unión, transmisión y continuidad. Diseñada específicamente para los 300 metros cuadrados del Arsenale, la instalación se plantea como una “segunda piel” habitable, donde materiales, texturas y gestos ancestrales dialogan con el lenguaje contemporáneo del arte.

Con formación en arquitectura, Amina Agueznay ha desarrollado durante más de dos décadas una práctica artística profundamente vinculada a los saberes vernaculares marroquíes. Sus proyectos exploran la relación entre cuerpo, territorio, paisaje y memoria colectiva, siempre desde una atención minuciosa a los materiales y a las técnicas tradicionales. Obras anteriores como Skin, Curriculum Vitae, Aouinates y Fieldworks ya revelaban esa búsqueda constante de los vínculos invisibles entre tradición y creación contemporánea.
Para dar forma a Asǝṭṭa, la artista trabajó junto a más de 130 artesanos procedentes de distintas regiones de Marruecos: tejedores, bordadoras, maestros del abalorio, cesteros, joyeros y aprendices que participaron activamente en el proceso creativo. Más que una colaboración puntual, el proyecto reivindica la artesanía como una forma de pensamiento y como un archivo vivo de conocimientos transmitidos entre generaciones.
La instalación se articula en torno al concepto de la âatba —el umbral— entendido como espacio de tránsito entre lo interior y lo exterior, lo íntimo y lo colectivo, lo sagrado y lo cotidiano. A través de trenzados, nudos, costuras y estructuras suspendidas, la obra convierte cada gesto manual en una huella de memoria y pertenencia.
Lejos de una visión folclórica de la tradición, Asǝṭṭa plantea una arqueología viva de los oficios, otorgando protagonismo a talentos frecuentemente invisibilizados y situando el conocimiento artesanal en el centro de la creación contemporánea. El pabellón marroquí se presenta así como un espacio inmersivo donde el visitante no solo observa una obra, sino que atraviesa una experiencia construida a partir de voces, ritmos y memorias colectivas.