Fernanda Laguna ha construido, desde comienzos de los años noventa, una de las obras más singulares y desafiantes del arte contemporáneo latinoamericano. Su producción, atravesada por la pintura, el dibujo, el collage, el bordado, la escritura y la instalación, rechaza deliberadamente la solemnidad tradicional del circuito artístico para situarse en un territorio donde lo íntimo y lo afectivo adquieren fuerza política. Lejos de buscar la perfección formal, Laguna trabaja con materiales simples, gestos espontáneos y una estética cercana a lo doméstico, lo infantil y lo artesanal. En sus piezas aparecen el amor, la vulnerabilidad, la amistad y el deseo como formas posibles de resistencia frente a estructuras históricamente dominadas por valores patriarcales y jerarquías culturales excluyentes.

La exposición Mi corazón es un imán, 1992-2025, presentada en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y organizada junto al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, propone hasta el 25 de mayo la revisión más amplia de su trayectoria hasta el momento. A través de más de 200 obras y archivos personales, la muestra revela cómo la artista convirtió la colaboración, la sensibilidad y la creación colectiva en herramientas fundamentales de producción cultural. Dividida en siete núcleos temáticos, la retrospectiva no solo revisa su evolución estética, sino también el entramado de editoriales, espacios independientes y redes afectivas que acompañaron su práctica artística en Buenos Aires.
La retrospectiva se organiza en siete secciones que recorren tanto la producción individual como los proyectos colectivos de Fernanda Laguna entre 1992 y 2025. La muestra propone, por primera vez, una visión integral de una obra libre, experimental y profundamente provocadora, capaz de expresar la necesidad urgente de cuestionar las estructuras patriarcales que dominaron el discurso artístico de las últimas décadas. A través de múltiples formatos y registros, la exposición revela una práctica creativa que convirtió lo afectivo y lo marginal en una herramienta crítica y transformadora.

La obra de Laguna celebra la fragilidad, el asombro, la belleza y también el dolor como experiencias esenciales de la vida cotidiana. Su producción desarma la distancia solemne del arte contemporáneo para acercarlo a lo íntimo, a los vínculos y a los pequeños rituales del vivir. En este recorrido, la exposición ilumina momentos clave de una trayectoria profundamente ligada al feminismo y pone en evidencia cómo muchas de las formas más activas y combativas del activismo feminista actual nacieron, en los años noventa, desde espacios de amistad, colaboración, fantasía y creación colectiva.