En el panorama del arte contemporáneo, Marcelino Antúnez Roca se ha consolidado como una de las figuras más singulares por su constante investigación sobre el vínculo entre cuerpo y tecnología. Nacido en Moià en 1959, fue miembro fundador de La Fura dels Baus, una experiencia que marcó los inicios de un recorrido artístico profundamente ligado a la experimentación escénica ya los lenguajes híbridos.

Con los años, su práctica ha evolucionado hacia un universo propio, la “performática”, en la que el cuerpo se transforma en una interfaz capaz de activar dispositivos digitales, mecánicos y visuales. A través de robots, sensores y sistemas interactivos, Antúnez construye obras participativas que cuestionan los límites entre artista y espectador, y que le sitúan como un referente en el diálogo entre arte, tecnología y corporalidad.
Ahora, el artista aterriza en el Mèdol entre el 14 de marzo y el 24 de mayo con Luz, naturaleza y centro este , una propuesta instalativa ubicada en el Tinglado 2 que se presenta como un campamento provisional, transitable y en constante transformación. El proyecto reúne telones, dibujos, figuras, vestidos y otros elementos desarrollados desde 2014 a partir de acciones colaborativas en espacios públicos y comunitarios, articulándolos en un dispositivo abierto que necesita de la participación para activarse plenamente.

Más allá de su dimensión formal, la instalación plantea una reflexión crítica sobre el lugar de la naturaleza en el pensamiento contemporáneo. Lejos de ser un simple escenario, animales, plantas, materias y territorios se convierten aquí en sujetos activos dentro de un imaginario compartido. Entre grandes dibujos que funcionan como ventanas abiertas y estructuras que invitan al recorrido, la propuesta entiende la creación como práctica colectiva y reivindica la naturaleza como un espacio de resistencia, aprendizaje e imaginación común.