La premisa de Contrapastoral. Arte y campesinado es muy claro: mostrar la vida campesina más allá de los tópicos pintorescos y la condescendencia con la que, con demasiada frecuencia, se imagina el mundo rural desde la ciudad. Es decir, proponer una visión alejada de los estereotipos del género pastoral, de la idealización del campo que alimenta la literatura y la pintura, y explicitar sus complejidades y tensiones que viven en ella. Presentar la ruralía en su diversidad y con todas las contradicciones que comporta. Para ello, Pau Minguet, comisario de la muestra, explora diferentes cuestiones que explican la realidad campesina del país, y plantea un recorrido por el campesinado catalán en el último siglo y medio. "Es una aproximación -apunta- a un tema ya unas problemáticas que pueden ser globales (la despoblación, la explotación de recursos, las protestas derivadas del tratado del Mercosur), pero en este caso centradas en el contexto más cercano ya partir de obras de artistas catalanes".
La muestra, inaugurada el 12 de marzo, toma forma a partir de un fructífero diálogo entre piezas históricas y contemporáneas, que provienen de las colecciones del Museu Morera y del fondo de la red de museos y centros catalanes, como el MNAC, la Fundació Tàpies, el MACBA o el Archivo Nacional. Contrapastoral se estructura en torno a seis ámbitos que ofrecen, a través de una mirada crítica y una voluntad casi antropológica, un cuidadoso análisis sobre la evolución del campo. A modo de cata: cómo la agricultura ha transformado (y transforma) el paisaje en cada momento a partir, entre otros, de un paisaje de Hernández Pijuan, una tela de Olga Sacharoff o una acción performativa de Albert Gusi. Una escultura de Leandro Cristóbal o la intervención de Isabel Banal sirven para enfocar los rostros de la ruralía. Una campesina de Ismael Smith y la acción Mujer-árbol de Fina Miralles ilustran el trabajo de la tierra con las manos, el acto de siembra. La maquinaria se ha convertido en una parte indisociable del paisaje agrario y condiciona su producción y especulación. Es aquí donde se ubican las creaciones de Marc Sellarès y Lluís Trepat, que utilizan estos utensilios para sus representaciones.

Minguet, director de Lo Pardal. Fundación Guillem Viladot de Agramunt, en alguna ocasión se ha autodefinido como labrador de fin de semana, y por vinculación familiar es conocedor de primera mano de las reclamaciones y las luchas que se cultivan más allá de las ciudades. Éste es justamente uno de los últimos capítulos de la exposición, en el que se siguen diferentes conflictos; por un lado a partir de la cartelería del bando republicano que, durante la guerra civil, animaba a los agricultores a combatir el fascismo; por otro, con las viñetas de Joan Codina Donaire y Armengol, que parodian algunas de las demandas actuales.

"Existe -comenta- una neobucolización del mundo rural. Con la pandemia, muchas familias decidieron marcharse de las ciudades e ir al campo, pero a menudo viven de espaldas, no lo entienden. Y el campo tiene sus contradicciones, puede ser maravilloso, pero también muy injusto, como las ciudades". Las tensiones entre el campo y la ciudad y la idea de que el mundo rural se ha convertido cada vez más urbano se evidencian con un dibujo de Isidre Nonell, las fotos de Pep Companys de grafitis en las paredes de almacenes agrícolas o el cartel que ideó Perejaume para las fiestas de la Mercè de Barcelona en el 2004, más de dos décadas después resuenan todavía con fuerza: "¿Debemos hacernos, los artistas, campesinos? ¿Un turista plantado es un campesino? ¿Puede volver a payés aquel que ha sido turista?".
Contrapastoral. Arte y campesinado
Museo Morera
Lleida
12.03.2026 al 31.05.2026