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Exposiciones

Últimos días para descubrir el universo de Helen Levitt en el Centro KBr de la Fundación Mapfre

Helen Levitt y la poética de la vida cotidiana: Nueva York como escenario de juegos, encuentros y momentos efímeros captados con sensibilidad urbana.

Últimos días para descubrir el universo de Helen Levitt en el Centro KBr de la Fundación Mapfre

El Centro KBr de la Fundación Mapfre en Barcelona alberga una retrospectiva imprescindible de Helen Levitt, una de las figuras clave de la fotografía del siglo XX. La exposición que se podrá ver hasta el 1 de febrero, permite múltiples lecturas, pero destaca especialmente la forma en que Nueva York se convierte en epicentro de este universo fotográfico.

Levitt empezó a captar su ciudad natal a finales de los años 30, centrándose en los barrios más humildes, como el Harlem hispano o el Lower East Side, donde la vida cotidiana se despliega entre las calles. Su mirada se fijó especialmente en los niños y sus juegos en la calle, capturando con sensibilidad momentos de cotidianidad que hoy se convierten en un testimonio fascinante de la ciudad y sus gentes.

Es una de las fotógrafas más relevantes del siglo XX en el campo de la fotografía urbana, y su obra está profundamente vinculada a Nueva York, no sólo como telón de fondo, sino verdadera protagonista de las escenas que ella captura con una sensibilidad poética.

La ciudad de Nueva York, una de las capitales artísticas de las últimas décadas, se convierte en el escenario cotidiano de la fotografía de Levitt. La fotógrafa retrata barrios y repite elementos que se convierten en icónicos de sus escenas urbanas. Levitt se centra sobre todo en la vida cotidiana en los espacios públicos: las aceras, esquinas, muros y escalones de los edificios. Estas plazas y calles no eran sólo lugares de paso, sino escenarios en los que se desplegaba la vida social en todas sus formas, desde el juego infantil hasta los encuentros entre vecinos.

En sus fotografías aparecen niños dibujando con yeso en las aceras, transformando las calles en un gran escenario de juego y de performances espontáneas, gente sentada en los escalones frente a las puertas, charlando, cruzándose en interacciones cotidianas, fachadas grafiteadas o con mensajes efímeros que se convertían en composiciones visual.

Para Levitt, la ciudad era casi un teatro improvisado: cada calle, cada rincón podía ofrecer escenas inesperadas, personajes espontáneos, juegos de luz y sombra y composiciones llenas de poética. Su cámara no perseguía monumentos ni paisajes icónicos, sino que captaba la belleza escondida en lo cotidiano, un grupo de niños jugando en la acera, un gesto de un transeúnte, la forma en que alguien se apoya en una escalera, pequeños detalles aparentemente triviales que, bajo su objetivo, se convertían en microescen.

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