"La esencia del arte moderno es formar parte de nuestra vida"
La pintura inquieta y radical de Henri Matisse continúa proyectando su eco en el arte contemporáneo, no como una herencia cerrada, sino como una fuerza viva que sigue interrogando los límites de la forma, el color y el espacio pictórico. Esa persistencia es el eje central de Chez Matisse. El legado de una nueva pintura, una ambiciosa exposición que puede visitarse en CaixaForum Madrid hasta el 22 de febrero y que plantea una lectura expandida del impacto del artista francés más allá de su tiempo histórico.
Organizada en colaboración con el Centro Pompidou, la muestra reúne cerca de un centenar de obras y propone un diálogo transversal entre 46 piezas de Matisse y 49 trabajos de artistas de distintas generaciones y procedencias. Lejos de plantear una retrospectiva convencional, la exposición articula un juego de resonancias, afinidades y tensiones que revela cómo la revolución matissiana —su concepción del color como estructura emocional, su rechazo del naturalismo y su apuesta por una pintura autónoma— fue absorbida, transformada y, en ocasiones, cuestionada por otros creadores.

Henri Matisse, Intérieur, bocal de poissons rouges, 1914, Centre Pompidou, © Succession H. Matisse / VEGAP / 2025.
El recorrido se organiza en ocho apartados de carácter cronológico y conceptual, permitiendo al visitante observar cómo la llamada “nueva pintura” de Matisse dialoga con nombres clave de la modernidad y la contemporaneidad. Obras de Pierre Bonnard, Georges Braque o André Derain muestran las primeras ramificaciones del fauvismo y su ruptura con la tradición académica, mientras que artistas como Robert Delaunay, František Kupka o Mijaíl F. Lariónov evidencian la expansión del color hacia territorios cercanos a la abstracción y la experimentación espiritual.
La exposición no se detiene en la modernidad histórica, sino que extiende su mirada hacia figuras posteriores como Barnett Newman o Daniel Buren, subrayando cómo la concepción matissiana del espacio pictórico y del color como experiencia total anticipa preocupaciones centrales del arte del siglo XX y XXI. En este cruce de referencias aparecen también Picasso, Le Corbusier, Emil Nolde, Ernst Ludwig Kirchner, Kees van Dongen o Maurice de Vlaminck, configurando un mapa complejo de influencias, apropiaciones y resistencias.

Natalia Goncharova, Nature morte au homard, 1909, Centre Pompidou, © Natalia Goncharova / VEGAP / 2025.
Chez Matisse no se limita a celebrar a un maestro consagrado, sino que plantea una pregunta crítica: ¿qué significa hoy pintar después de Matisse? La respuesta no es unívoca, pero la exposición sugiere que su legado no reside en un estilo reconocible, sino en una actitud radical frente a la pintura, entendida como un campo de libertad, riesgo e invención constante. En ese sentido, la muestra se presenta no solo como una revisión histórica, sino como una reflexión vigente sobre la capacidad del arte para reinventarse a partir de sus propias rupturas.
La exposición temporal culmina su recorrido con una sección dedicada a la proyección de la obra matissiana en los lenguajes de la nueva modernidad, el arte pop y las estéticas poscoloniales, ampliando su influencia más allá del ámbito estrictamente pictórico hacia el vídeo y el cine. En esta sala adquiere especial relevancia una pieza de la videoartista rusa de origen argelino Zoulikha Bouabdellah, cuya obra articula una lectura contemporánea del legado de Matisse desde una perspectiva híbrida, atravesada por cuestiones de identidad, cuerpo y memoria cultural.

Henri Matisse, Figure décorative sur fond ornementel, 1925, Centre Pompidou, © Succession H. Matisse / VEGAP / 2025.
En los últimos años de su vida, Matisse se vio forzado a renunciar al uso del pincel, una limitación física que, lejos de frenar su impulso creativo, actuó como catalizador de una de las etapas más radicales y fecundas de su trayectoria. El trabajo con papeles pintados y recortados —los célebres gouaches découpées— no solo redefinió su práctica artística, sino que dio lugar a algunas de las imágenes más icónicas del arte del siglo XX. En estas composiciones, el color y la forma alcanzan una autonomía absoluta, anticipando soluciones visuales que siguen resonando en las prácticas contemporáneas y confirmando a Matisse como un artista capaz de reinventarse hasta el final.
"Un artista nunca debe ser prisionero de sí mismo, prisionero de su estilo, prisionero de su reputación, prisionero de su éxito", Henri Matisse, 1947.