La galería Alarcón Criado de Sevilla presenta Oxigénio, la primera exposición individual de João Marçal en este espacio de Sevilla, una propuesta que confirma al artista portugués como una de las voces más estimulantes de la pintura contemporánea ibérica. La muestra no plantea la pintura como un lenguaje encerrado en el lienzo, sino como un territorio expandido donde el soporte, la arquitectura y la experiencia del espectador forman parte inseparable de la obra. En Oxigénio, Marçal convierte el acto de pintar en una investigación sobre la percepción, la memoria y la propia naturaleza del medio pictórico.

La exposición reúne varias de las líneas de trabajo que el artista ha desarrollado en los últimos años. Los shaped canvas o lienzos con formas irregulares cuestionan el formato tradicional del cuadro y transforman el soporte en un elemento activo de la composición, mientras que los tondos inspirados en el símbolo de la paz incorporan pigmentos metalizados que generan una sugerente ambigüedad entre superficie y volumen. La pintura deja de ser una ilusión bidimensional para adquirir presencia física, reforzando una de las principales inquietudes de Marçal: hacer convivir la representación, el objeto y el espacio real en una misma experiencia visual.
En Oxigénio también ocupa un lugar destacado la serie Neighbors, formada por intervenciones con vinilos adhesivos inspiradas en los motivos ornamentales de las autocaravanas que proliferan en Lisboa como consecuencia de la crisis de la vivienda. A partir de estos elementos cotidianos, el artista introduce una reflexión sobre el concepto de hogar, el desplazamiento y la condición transitoria de la existencia contemporánea. Lo doméstico y lo urbano se convierten así en metáforas de una identidad siempre en construcción, donde la frontera entre el interior y el exterior permanece deliberadamente abierta.

El núcleo central de Oxigénio está compuesto por las pinturas inspiradas en los estampados de los asientos de autobuses y trenes, un motivo que acompaña a João Marçal desde sus años de estudiante y que ha transformado en una profunda investigación sobre el tiempo, la repetición y la memoria. Realizadas mediante miles de pequeñas pinceladas sobre lino sin preparar, estas obras convierten patrones aparentemente banales en paisajes mentales de gran intensidad visual. La repetición deja de ser un recurso decorativo para convertirse en una reflexión sobre el movimiento, la transformación constante y la imposibilidad de que dos experiencias sean idénticas, estableciendo además un sugerente diálogo con planteamientos fenomenológicos sobre la percepción.
La propuesta culmina con un montaje en el que numerosas pinturas abandonan el muro para instalarse sobre estructuras metálicas inspiradas en las barras de sujeción de los transportes públicos. Esta decisión amplía el campo de acción de la pintura y convierte Oxigénio en una instalación donde la obra dialoga activamente con el espacio expositivo y con el cuerpo del visitante. Más que una exposición de pinturas, João Marçal propone una experiencia que pone en crisis los dualismos tradicionales entre imagen y objeto, superficie y volumen, representación y realidad. En esa capacidad para expandir el lenguaje pictórico sin renunciar a su esencia reside el mayor acierto de Oxigénio, una muestra que demuestra cómo la pintura sigue siendo un territorio privilegiado para pensar el mundo contemporáneo.
