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Exposiciones

El MNBA reescribe su colección con las adquisiciones de 2025

Una selección de 18 obras revela cómo el Museo Nacional de Bellas Artes De Santiago de Chile apuesta por reparar ausencias históricas, ampliar el canon del arte chileno y abrir nuevas lecturas sobre identidad, territorio y memoria.

El MNBA reescribe su colección con las adquisiciones de 2025

El Museo Nacional de Bellas Artes ha creado una exposición  que se podróa ver hasta el 16 de agosto que trasciende el carácter de una simple muestra de adquisiciones. Bajo la apariencia de una exhibición patrimonial, el recorrido propone una reflexión sobre los mecanismos mediante los cuales un museo construye —y también corrige— el relato oficial de la historia del arte en Chile.

La exhibición reúne 18 de las 55 obras incorporadas a la colección del MNBA durante 2025, un conjunto que evidencia un giro institucional hacia una colección más diversa, descentralizada y representativa de las múltiples voces que han configurado la producción artística nacional. Lejos de entender estas adquisiciones como una suma de objetos, la muestra invita a pensar el patrimonio como un organismo vivo, en constante revisión.

Las piezas abarcan un amplio arco temporal y disciplinario. Pintura, escultura, fotografía, gráfica y arte textil conviven en una selección donde el diálogo entre generaciones adquiere especial relevancia. Desde maestros del siglo XIX hasta artistas contemporáneos, el recorrido permite observar cómo las preocupaciones estéticas, sociales y políticas se transforman sin perder continuidad.

Uno de los núcleos más significativos corresponde a un conjunto de seis pinturas provenientes del histórico Club de la Unión, entre las que destaca un retrato realizado en Europa por Alfredo Valenzuela Puelma, obra que vuelve a situar al artista dentro del contexto internacional que marcó su producción. A ello se suman tres piezas que participaron en la Exposición Internacional del Centenario de 1910, verdaderos documentos visuales de un momento fundacional para las artes chilenas.

Especial atención merece "Caseríos de Valparaíso" (ca. 1911), de Alfredo Helsby, una pintura que desarma la imagen habitual del artista como paisajista dedicado a la naturaleza sublime. Aquí, el puerto aparece como escenario de tensiones sociales y urbanas, revelando un interés por la vida cotidiana y la expansión de la ciudad que amplía considerablemente la lectura crítica sobre su obra.

Sin embargo, uno de los mayores aciertos curatoriales radica en la presencia de numerosas creadoras cuya incorporación responde a una deuda histórica del museo. La exposición recupera el "Retrato de Matilde Pérez", realizado por Ana Cortés, figura imprescindible del modernismo chileno y Premio Nacional de Arte 1994. También sobresale "Pachamama" (1981), de Ester Chacón, donde el tejido deja de ser un soporte artesanal para convertirse en un lenguaje escultórico y pictórico capaz de articular memoria, territorio y cosmovisión andina.

La revisión continúa con "Germinal cuatro" (1971), de Carmen Piemonte, cuya abstracción reafirma la vigencia de una artista poco estudiada, mientras que la serie "Autorretrato" (1981), de la fotógrafa brasileña Inés Paulino, documenta con agudeza la escena intelectual y cultural de los años ochenta, desdibujando los límites entre el registro documental y la construcción identitaria.

El recorrido incorpora además la potencia expresiva de Laura Rodig con Mujer indígena (1924-1929), la dimensión conceptual de Alicia Villarreal mediante Proyecto traslado (1981), y culmina con "Cordillera Darwin" (2020), de Josefina Guilisasti, una pintura monumental que establece un puente entre la tradición paisajística chilena y las preocupaciones contemporáneas sobre territorio, naturaleza y crisis ambiental.

Más allá de las obras individuales, la exposición adquiere relevancia por el proceso que las hizo posibles. Las 55 adquisiciones realizadas durante 2025 son resultado del trabajo del Comité de Adquisiciones del MNBA, instancia que ha impulsado una investigación sistemática destinada a detectar vacíos dentro de la colección. La estrategia no consiste únicamente en sumar nombres, sino en revisar críticamente los criterios que históricamente definieron qué artistas y qué relatos merecían ocupar un lugar en el patrimonio nacional.

En ese sentido, la muestra evidencia una política museológica que busca equilibrar la representación de mujeres artistas, fortalecer la presencia de creadores contemporáneos y ampliar la mirada hacia producciones desarrolladas fuera de los circuitos tradicionales de legitimación. La incorporación de artistas jóvenes junto a figuras consagradas plantea una colección menos lineal y más abierta al diálogo entre distintas generaciones y territorios.

Entre los artistas cuyas obras ingresaron a la colección durante 2025 se encuentran Dionisio Baixeras y Verdaguer, Eugène Benjamin Selmy, Daniela Bertolini O'Ryan, Gabriela Carmona Siler, Enrique Castro-Cid, Gonzalo Castro Colimil, Rodrigo Castro Torres, Ester Chacón Ávila, Ana Cortés Jullian, Máximo Corvalán-Pincheira, Thérèse Marthe Françoise Cotard-Dupré, Ludmilla (Luma) von Flech-Brunningen, Patricia Domínguez, Andrés Durán Dávila, Virginia Errázuriz Guilisasti, Mario Fonseca Velasco, Nury González Andreu, Zaida González Ríos, Josefina Guilisasti Gana, Alfredo Helsby Hazell, Cristián Inostroza Cárcamo, Pablo Langlois Vicuña, Pablo Lincura, Luis Montes Becker, Patricia Israel, Natalia (Nato) Montoya Lecaros, Mariana Najmanovich Sirota, Camilo Ortega Prieto, Endi Paredes, Inés Paulino Mori, Carlos Peters Barrera, Carmen Piemonte, Hugo Rivera Scott, Laura Rodig Pizarro, Janet Toro Benavides, Marcela Trujillo Espinoza, Alfredo Valenzuela Puelma, Alicia Villarreal Mesa y Félix Ziem, conformando un panorama que refleja la amplitud de intereses y perspectivas que hoy busca representar el museo.

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