La histórica sede neoyorquina de Marlborough Gallery en Chelsea ya tiene nuevo propietario. El espacio, situado en el número 545 de West 25th Street, ha sido adquirido por Gazelli Art House por 7,5 millones de dólares, en una operación que simboliza tanto el final de una era como la consolidación de un nuevo actor en el mapa global del arte contemporáneo.
La compradora, Gazelli Art House, mantiene actualmente galerías en Londres y Bakú, y con esta adquisición suma una base permanente en Nueva York, uno de los grandes centros del mercado artístico internacional. La firma fue fundada en Londres en 2010 por Mila Askarova y ha desarrollado un programa centrado en el arte contemporáneo y los nuevos lenguajes digitales.
La venta del inmueble supone un nuevo capítulo en el desmantelamiento del legado de Marlborough Gallery, considerada durante décadas una de las pioneras del modelo de “mega-galería”. Tras casi ochenta años de actividad, la galería anunció en abril de 2024 que dejaría de representar artistas, pondría fin a su programa expositivo y comenzaría a liquidar un inventario valorado, según distintas estimaciones, en torno a los 250 millones de dólares. La decisión llegó después de varios años de pérdidas económicas y de un prolongado conflicto interno en el seno de la familia propietaria.
El espacio adquirido por Gazelli ocupa la primera y la segunda planta del Chelsea Arts Tower y cuenta con una superficie de 9.228 pies cuadrados, concebida específicamente para la exhibición de obras contemporáneas de gran formato. Entre sus características destacan techos de 18 pies de altura, una puerta de garaje a nivel de calle con capacidad para introducir piezas de hasta 13 o 14 pies de altura, acceso directo desde la acera para la manipulación de obras y una terraza privada de 1.250 pies cuadrados en la segunda planta. Se trata, en definitiva, de un espacio preparado para acoger proyectos expositivos ambiciosos en uno de los enclaves más codiciados del distrito galerístico de Chelsea.
El edificio alberga además diversos propietarios e inquilinos vinculados al ámbito comercial y creativo, entre ellos el diseñador de moda Calvin Klein, lo que refuerza su perfil como enclave estratégico dentro del ecosistema cultural y empresarial de Manhattan.
La operación fue intermediada por los agentes Jeffrey Zoldan y Roger Gillen, de Brown Harris Stevens, en representación del vendedor.