Figura destacada del arte contemporáneo europeo, Lara Almarcegui ha desarrollado una trayectoria centrada en la transformación urbana, los materiales de construcción y los espacios en proceso de cambio o desaparición. Su obra, situada entre la investigación artística y la reflexión crítica, explora las relaciones entre arquitectura, memoria, territorio y especulación urbanística. A través de una mirada sobria y profundamente conceptual, convierte solares vacíos, ruinas y estructuras industriales en escenarios de análisis sobre el paisaje contemporáneo y sus mutaciones.
La galería Galería Carreras Múgica presenta hasta el 31 de julio de 2026 la exposición Gravas y arenas. Áridos y otros terrenos recientes, un nuevo proyecto de Lara Almarcegui que profundiza en una de las líneas centrales de su trayectoria: la observación crítica de los materiales que transforman el paisaje contemporáneo.

La muestra reúne investigaciones, dibujos y proyectos vinculados a terrenos surgidos recientemente a partir de la acción humana o de alteraciones naturales. Acumulaciones de grava tras demoliciones, escombreras mineras, arenas procedentes de dragados o nuevas formaciones creadas por los cambios en el curso de los ríos aparecen aquí como paisajes provisionales, espacios todavía indefinidos que la artista convierte en objeto de reflexión estética, geológica y política.
Desde hace años, Almarcegui centra su práctica en analizar la relación entre ciudad, construcción y extracción de recursos. En esta exposición, la artista desplaza la mirada hacia materiales generados o desplazados recientemente, cuestionando no solo su origen y función, sino también el futuro de estos territorios inestables y en constante mutación.

Entre las obras destacadas se encuentra Die Halden in Deutschland (Las escombreras de Alemania), un ambicioso cálculo del volumen total de las mayores escombreras alemanas realizado originalmente para una pared de diecisiete metros en el Kunstmuseum Moritzburg Halle (Saale). El trabajo cuantifica la inmensa cantidad de terreno desplazado por la minería durante los últimos 175 años y pone el foco sobre la magnitud del residuo geológico producido por la actividad extractiva. Algunas de estas montañas artificiales siguen vinculadas a explotaciones activas de lignito y potasio. Sophienhöhe, con más de 2.200 millones de metros cúbicos de restos de lignito, aparece como la mayor escombrera del país.
La exposición también recupera dibujos de proyectos no realizados concebidos para exposiciones y bienales internacionales. Estas propuestas imaginaban instalaciones construidas con arenas procedentes de ríos, mares y lagos, materiales desplazados por la industria del dragado y responsables de nuevas geografías artificiales. Muchos de estos proyectos nunca llegaron a ejecutarse debido a las dificultades logísticas y al enorme peso de los materiales, convirtiendo los dibujos en el único vestigio de unas obras que exploran los límites entre materia, arquitectura y territorio.

Otro de los núcleos del proyecto gira en torno a Calcárea, una intervención desarrollada en la cantera de Mañaria que plantea una pregunta directa: ¿de dónde proceden los materiales con los que se construye Bilbao? La obra invita a observar una roca calcárea de 115 millones de años justo antes de ser triturada y transformada en material de construcción. Extraída temporalmente del interior de la montaña, la piedra aparece como un fragmento geológico suspendido entre el pasado remoto y su incorporación inmediata al paisaje urbano contemporáneo.