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Exposiciones

El cosmos oculto de Cuixart en Palafrugell

Naturaleza, memoria y materia en una mirada contemporánea del paisaje interior en el Museo del Corcho.

El cosmos oculto de Cuixart en Palafrugell
bonart palafrugell - 15/05/26

Palafrugell acoge el primer acto de la conmemoración del Centenario Cuixart con una exposición que se podrá visitar del 9 de mayo al 26 de julio, y que propone una inmersión profunda en el lenguaje simbólico y poético de la obra de Modesto Cuixart. La exposición reúne a una treintena de piezas que, más allá de su diversidad formal, comparten una misma pulsión: la voluntad de explorar la naturaleza como realidad expandida, cargada de memoria, imaginación y misterio.

Comisariada por la doctora en Historia del Arte Raquel Medina Vargas, la muestra en el Museo del Corcho articula un relato que trasciende la simple cronología para adentrarse en los núcleos más profundos del pensamiento de Cuixart. El cosmos y la naturaleza aparecen no como motivos representados, sino como estructuras mentales y emocionales que vertebran toda su producción artística. En este sentido, las obras expuestas funcionan como puertas de acceso a un universo donde la realidad se disuelve y recompone constantemente a través de signos, formas orgánicas y geometrías flotantes.

Las composiciones presentadas -en las que flotan bulbos, hojas, grafismos y elementos geométricos- revelan un imaginario intensamente simbólico, donde la abstracción y la figuración conviven sin jerarquías, y donde el realismo se contamina deliberadamente de resonancias surrealistas. Esta tensión entre mundos aparentes y mundos interiores es una de las claves para entender la trayectoria de Cuixart, especialmente en su capacidad para convertir la pintura en un espacio de revelación más que de representación.

La muestra también permite recorrer los ecos de sus primeras etapas, anteriores a su vinculación con Dau al Set, así como el período de experimentación informalista desarrollado en París y Lyon. Aquellos años, marcados por una investigación intensa sobre la materia y su expresividad, situaron a Cuixart en un circuito internacional de reconocimiento, culminando con hitos como su distinción en la Bienal de São Paulo de 1959. En estas obras tempranas ya se percibe una sensibilidad especial hacia lo ancestral y mítico, como si la pintura fuese.

Sin embargo, es en su madurez, especialmente a partir de finales de los años ochenta, cuando su obra sufre una nueva inflexión. Después de haber explorado registros figurativos intensos durante su etapa en Palafrugell, Cuixart inicia un proceso de reinvención que le conduce hacia una simplificación formal y mayor concentración expresiva. En este retorno a la materia esencial, la memoria personal adquiere un papel fundamental: los recuerdos de adolescencia, cuando acompañaba a su tío farmacéutico a recoger hierbas y raíces en el bosque, se convierten en un territorio simbólico que reconfigura su relación con la naturaleza.

Este contacto íntimo con la tierra –con sus ritmos, texturas y olores– reaparece en su obra de los años noventa como una fuerza latente que transforma radicalmente el concepto de paisaje. Ya no se trata de una representación externa del mundo natural, sino de una inmersión en su dimensión más profunda y primigenia. La pintura se convierte así en un espacio de introspección y de regreso a una experiencia casi arquetípica de la naturaleza.

El resultado es un lenguaje artístico sobrio y depurado, pero al mismo tiempo cargado de intensidad simbólica. Una escritura visual que conecta con las etapas más experimentales de su trayectoria, a la vez que abre nuevas vías de lectura contemporánea sobre la relación entre arte, memoria y naturaleza.

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