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México, Frida Kahlo y el dilema de la Colección Gelman

Entre la preservación del patrimonio y la ambición internacional: la Colección Gelman divide a México y cuestiona la gestión de sus tesoros culturales.

Autorretrato con collar, obra de 1933 de Frida Kahlo, propiedad de la Colección Gelman, Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, CDMX/Sociedad de Derechos de los Artistas (ARS), Nueva York; vía Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, DF/VEGAP
México, Frida Kahlo y el dilema de la Colección Gelman
bonart méxico df - 08/04/26

La reciente polémica en torno a la Colección Gelman ha encendido un debate cultural de alcance nacional en México. La Fundación Banco Santander anunció que asumiría la gestión de la colección tras un acuerdo con la familia Zambrano, propietaria de la misma. Esto incluiría obras icónicas de Frida Kahlo, Diego Rivera, María Izquierdo y Rufino Tamayo, que se exhibirían en el Faro Santander, la nueva infraestructura cultural del banco en la capital cántabra.

Para muchos expertos mexicanos, esta decisión representa un dilema ético y legal. Más de 400 especialistas en arte han firmado una carta exigiendo transparencia al Gobierno de Claudia Sheinbaum y criticando la salida de estas obras del país. La principal controversia gira en torno a las piezas de Frida Kahlo, cuya exportación está regulada por una normativa de 1984 que prohíbe su salida, salvo en casos excepcionales autorizados por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) para la “difusión de la cultura nacional en el extranjero”. Francisco Berzunza, historiador, lo compara con que España entregara toda su obra de Velázquez a una entidad privada extranjera.

Actualmente, algunas de estas obras permanecen en el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México hasta el 19 de julio, gracias a una prórroga solicitada por el Gobierno para coincidir con la celebración del Mundial de Fútbol. No está confirmado si finalmente se exhibirán en Santander en junio, como se había planeado inicialmente.

  • Retrato al óleo sobre lienzo de Natasha Gelman realizado por Diego Rivera en 1943. Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, CDMX/Sociedad de Derechos de los Artistas (ARS), Nueva York; vía Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, DF/VEGAP.

La Colección Gelman, compuesta por 160 piezas de arte mexicano del siglo XX, refleja toda la trayectoria de Frida Kahlo, con diez pinturas, siete dibujos y un grabado, incluyendo autorretratos emblemáticos como Diego en mi pensamiento, Autorretrato con collar y Autorretrato con monos. A ellos se suman obras de Rivera, Izquierdo, Tamayo, Clemente Orozco, Gerzso, Toledo y Alfaro Siqueiros, así como una selecta muestra de fotografía mexicana con nombres como Guillermo Kahlo, Graciela Iturbide y Manuel Álvarez Bravo.

El origen de esta colección se remonta a la década de 1940, cuando Jacques y Natasha Gelman comenzaron a coleccionar arte moderno mexicano. Jacques, con formación europea en cine, llegó a México en 1938 y, tras impulsar la industria cinematográfica local con la carrera de Cantinflas, dedicó recursos y pasión al arte. La pareja mantuvo estrechos vínculos con figuras como Kahlo, Rivera y Tamayo. Tras la muerte de Jacques en 1986 y de Natasha en 1998, el curador norteamericano Robert R. Littman asumió la administración de la colección, ampliándola y organizando exhibiciones internacionales.

  • Diego en mi pensamiento (1943), autorretrato de Kahlo de la Colección Gelman. Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, CDMX/Sociedad de Derechos de los Artistas (ARS), Nueva York; vía Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo gestionado por el Banco de México, México, DF/VEGAP.

En 2023, la familia Zambrano adquirió la colección completa, que ahora pasa a manos de la Fundación Banco Santander. Mientras tanto, el debate persiste: ¿debe un tesoro cultural mexicano trasladarse a una entidad privada en el extranjero, por muy prestigiosa que sea la institución? Este episodio pone en evidencia la tensión entre el coleccionismo privado, la gestión cultural internacional y la soberanía artística de México. Más allá de acuerdos y contratos, la pregunta que queda flotando es si la difusión de la cultura mexicana justifica que parte de su patrimonio artístico más emblemático cruce fronteras.

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