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Exposiciones

Ahmed Umar en el Museo del Chopo

Ahmed Umar en el Museo del Chopo
Luz Massot méxico df - 23/03/26

El Museo Universitario del Chopo no es un espacio neutral. Desde su fundación, ha funcionado como un bastión para la contracultura y un archivo para las disidencias en México. Su historia está intrínsecamente ligada a la visibilidad de la comunidad homosexual; fue sede de las primeras Semanas de Cultura Lésbica-Gay en los ochenta y, más recientemente, de exposiciones tan significativas como Elementos de Vogue, curada por Sabel Gavaldón y Manuel Segade. Es en este contexto, cargado de memoria y activismo —y dentro de un programa anual con un claro énfasis en artistas de la comunidad LGBTQ+— que ahora se presenta la obra del artista sudanés-noruego Ahmed Umar.

Su obra, de hecho, tuvo una presencia destacada en la escena internacional recientemente: participó en la 60ª Bienal de Venecia como parte de la exposición principal Stranieri Ovunque – Foreigners Everywhere, curada por Adriano Pedrosa, con su trabajo expuesto en el Arsenale. Nacido en Sudán, Umar creció bajo la sombra de la Ley de Orden Público, un instrumento de represión que castigaba cualquier desviación de la norma. Ser artista era sospechoso; ser gay, un crimen. Tras ser denunciado, huyó a Noruega en 2008 como refugiado político. Este exilio marcó el inicio de su obra: un intento de reconstruir una identidad fracturada entre el país que lo expulsó y el que lo acogió, entre la tradición que amaba y la que lo condenaba.

Su exposición en el Chopo, La verdad no es un escándalo / Glowing Phalanges, es un recorrido por este proceso de reconstrucción. El subtítulo, “Falanges Resplandecientes”, es la clave: las 14 falanges de cada mano, usadas en el islam para la oración, son para Umar el símbolo de la acción, del trabajo, de la capacidad de crear. Sus manos son la herramienta con la que se rehace a sí mismo. A través de esculturas que evocan tótems y amuletos, y de fotografías donde su propio cuerpo es el archivo viviente de la herida, Umar enfrenta su pasado.

Utiliza materiales orgánicos y técnicas artesanales de su Sudán natal, pero las despoja de su función original para cargarlas de nuevos significados, transformando el estigma en un emblema de resiliencia. La pregunta que queda flotando, sin embargo, es la del propio encuentro. Si bien el Chopo tiene una histórica vocación como plataforma para las voces disidentes, la exposición no termina de articular el porqué de este diálogo específico, dejando al espectador la tarea de tejer un puente que la curaduría parece solo esbozar.

A pesar de ello, la obra de Ahmed Umar, que podrá visitarse hasta el 28 de junio, se sostiene con una fuerza inmensa y solitaria. Es la prueba material de que el arte más honesto no decora la vida, sino que la hace posible. Un cuerpo que fue proscrito se convierte aquí en reliquia, y una historia que debía ser ceniza, en un talismán que resplandece.

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