Si es cierto que el ser humano ha sentido siempre una extraña atracción por lo desconocido, por lo lejano, el cosmos supone el gran enigma de los enigmas. Tanto desde el punto de vista científico, como también el poético, o por mera curiosidad, el ser humano mira al firmamento. En busca de qué; esto es, paradójicamente, cada vez más ambiguo.
El cosmólogo y divulgador científico Carl Sagan fue quien sentenció que "somos polos de estrellas que reflexiona sobre las estrellas". Según Sagan, el cosmos está también dentro de nosotros, porque estamos hechos de la misma sustancia que las estrellas.
Casi cincuenta años después, la artista Marina Núñez (Palencia, 1966) recupera esta sentencia para explorar sus vertientes a través de su nueva propuesta: Polvo de estrellas , presentada por la galería Rocío Santa Cruz (Barcelona) hasta el 2 de mayo.

En ella, la artista castellana reflexiona sobre la presencia del ser humano en un planeta en el que el cósmico y el natural convergen con lo tecnológico. A través de un viaje que combina el arte, la ciencia y la cultura digital -con referencias a la ciencia ficción, la iconografía científica y la cultura tecnológica-, Marina Núñez construye un relato que es a la vez reflexión y pregunta.
Polvo de estrellas juega con los límites del arte digital para jugar también con la idea de que el ser humano y la tecnología se mezclan y confunden con la naturaleza como parte de una misma cosa: el cosmos.
Si somos —como dijo Carl Sagan— pulso de estrellas; si la materia que forma a los seres vivos es, en parte, la misma materia que forma a los astros, entonces la experiencia de mirar el firmamento es también una experiencia introspectiva. Al mirar fuera, o arriba, se nos revela una infinita sucesión de preguntas que son, puede ser, la forma más acertada de mirar adentro.

La constante metamorfosis en la propuesta de Marina Núñez —la que enfrenta el lenguaje audiovisual con esculturas de cristal y bajorrelieves de latón— apunta a la deconstrucción de los cánones tradicionales de la normalidad, abriendo, en consecuencia, una grieta hacia las infinitas posibilidades de ser, o estar, en el mundo.
Tejida como una especie de microcosmos, el conjunto de la exposición toma de la mano al espectador para hacerle partícipe activo de la mirada del artista. A través de unos paisajes e ilusiones que mezclan ciencia y arte, Marina Núñez nos invita a reflexionar sobre un mundo en constante evolución, en el que el científico y el artístico establecen una conversación que invita a la contemplación y al pensamiento crítico.