La artista Núria Picas i Codina, figura relevante en la configuración de las segundas vanguardias catalanas, falleció ayer a los 99 años, tal y como ha confirmado su familia. Formada a finales de la década de 1940 junto a Ramon Calsina, Picas manifestó desde sus inicios una actitud inquieta y una clara voluntad de renovación artística, en un contexto marcado por las limitaciones culturales del franquismo.
Su temprana trayectoria se vio enriquecida por la participación en los círculos impulsados por el Círculo Maillol, el Círculo Literario y el Instituto Francés, espacios de encuentro fundamentales que le permitieron establecer vínculos con artistas e intelectuales de su generación, así como ampliar sus intereses hacia otras disciplinas como la literatura y la arquitectura. Este ecosistema cultural fue determinante en la consolidación de una obra abierta al diálogo con las corrientes europeas contemporáneas.
En 1948, su obra se mostró por primera vez al público en los Salones de Octubre de Barcelona, una plataforma clave para la visibilización de una pintura que se alejaba del academicismo y cuestionaba los cánones estéticos del arte oficial del régimen. Uno de los momentos culminantes de su carrera llegaría en 1954 con la exposición en Els Blaus de Sarrià, donde presentó un conjunto de obras de temática hagiográfica y estilo medievalizante, que evidenciaban una lectura personal de la tradición y una búsqueda formal singular.
Paralelamente, Picas desarrolló una notable producción en el campo del retrato, dejando imágenes de gran intensidad psicológica de figuras destacadas de la cultura catalana como Maria Aurèlia Capmany, Enric Jardí o Jordi Sarsanedas. Su obra, coherente y exigente, constituye hoy un valioso testimonio de una generación de artistas que trabajaron desde la discreción pero con una clara vocación de modernidad.