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Exposiciones

Genia Chef y Don Quijote: alquimia de un mito, geografía de un alma

Un viaje pictórico al MEAM entre la materia y el sueño, donde Don Quijote renace como mito contemporáneo en la obra de Genia Chef.

Genia Chef y Don Quijote: alquimia de un mito, geografía de un alma
bonart barcelona - 19/01/26

Hay artistas que pintan cuadros. Y hay otros que pintan mundos. Genia Chef pertenece a esta segunda estirpe: creadores que, con cada gesto, con cada mancha, con cada trazo, abren un territorio donde la literatura, la memoria y la materia se confunden hasta convertirse en una sola cosa.

Desde hace años, Chef dialoga con una de las figuras más inagotables del imaginario universal: Don Quijote de la Mancha. No como personaje, sino como bastante viva. Como metáfora de una humanidad que se empeña en soñar a pesar del peso del mundo, que lucha contra molinos sabiendo que quizás son gigantes, pero también sabiendo que sin gigantes no habría epopeya. Todo este uuniverso ahora se puede ver con ¡Viva Don Quijote! En el MEAM hasta el 26 de abril.

En los lienzos monumentales de Genia Chef, Don Quijote no cabalga sólo por la Mancha: atraviesa desiertos interiores, constelaciones de pigmentos y mapas invisibles del alma. El espacio pictórico se ensancha hasta tocar una dimensión casi metafísica, donde la pintura y el arte gráfico dejan de ser disciplinas separadas y se funden en una misma respiración creativa.

Chef aúna la sabiduría antigua de los viejos maestros con la libertad radical del gesto contemporáneo. Diluye el aceite con ámbar líquido como si convocara espíritus del pasado, confrontándolo con mezclas insólitas de vino, aceite de oliva y zumos de la tierra española, en una especie de cocina alquímica donde el cuadro se prepara como un plato sagrado destinado a ser compartido con el espectador.

Sus superficies pictóricas recuerdan pieles antiguas, marchitas por el tiempo, como tapices colgados en castillos medievales donde todavía resuena el eco de hazañas olvidadas. Redes de transiciones tonales se extienden como caminos polvorientos, evocando el horizonte infinito de la Mancha, mientras fluidos cromáticos circulan como capilares antropomórficos, conectando la materia con el pensamiento, el paisaje con el cerebro creador.

Estos caminos no son sólo geográficos: son itinerarios de la imaginación. Cada trazo es una huella, cada mancha un recuerdo, cada grieta una pregunta abierta sobre el sentido de la lucha, del ideal y del fracaso. Cuando Chef dibuja, no lo hace sólo con pincel. Lo hace con plumas de pájaro, con tinta que parece brotar directamente del relato cervantino, con carbón que deja visible el proceso, la herida, el ensayo y el error. El dibujo subyacente no se esconde: respira bajo la pintura como un corazón que late, recordándonos que toda obra es un camino, no una certeza.

Figuras cuidadosamente elaboradas conviven con formas esbozadas, como si Don Quijote y Sancho aparecieran y desaparecieran en una niebla poética, atrapados entre el sueño y la realidad, entre la ironía y la tragedia.

En la obra de Genia Chef, Don Quijote deja de ser sólo literatura para convertirse en experiencia física, visual y emocional. El mito se reactiva, se hace carne, textura y luz. Nos interpela desde la inmensidad de sus lienzos y nos invita a mirarnos a nosotros mismos: cuáles son nuestros molinos, cuáles son nuestras utopías, cuál es nuestra forma de resistir.

Así, entre pigmentos, ámbar y memoria, Genia Chef no ilustra a Cervantes: lo reinventa. Y al hacerlo, nos recuerda que el arte —como Don Quijote— es un acto de valentía radical, un gesto poético contra el olvido, una forma empeñada en seguir creyendo que el mundo todavía puede ser transformado por la fuerza de la imaginación.

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