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Reportajes

Nueva generación de artistas: de plomo y azúcar

Cesc Abad. Que bé que hagis vingut, 2022. Oli sobre tela 200x160 cm.
Nueva generación de artistas: de plomo y azúcar

Se ve un fenómeno artístico que podría desembocar en el nacimiento de una nueva generación de artistas de difícil etiqueta pero con muchos puntos en común.

Con una especie de agresividad edulcorada, empieza a verse un fenómeno artístico que podría desembocar en el nacimiento de una nueva generación de artistas de difícil etiqueta pero con muchos puntos en común. Las fronteras geográficas entre estos artistas quedan disueltas gracias a las nuevas tecnologías, y su formación e influencias incluyen el diseño gráfico, la ilustración, el cómic, el street art y el cine. Sus mensajes son suficientemente desgarradores para impresionar al espectador, ya que pretenden criticar, ironizar y hacer reflexionar sobre nuestra sociedad analizando las emociones humanas, haciendo sarcasmo sobre fenómenos sociológicos, criticando la incursión de las tecnologías en nuestras vidas o, incluso todo, retratando momentos cotidianos con un toque de humor. El aceite, el acrílico, el spray y la cerámica están presentes en sus obras, trabajadas de forma interdisciplinaria. La lista de artistas que pueden formar parte de esta generación es inalcanzable, pero hay algunos que merece mucho la pena mencionarlos.

Combinaciones plásticas

Con unos fondos de colores primarios, a veces decorados con formas geométricas, podemos adentrarnos en el mundo de Anna Barriga . Un mundo de reminiscencias infantiles, pero a la vez ecléctico, donde juegan un papel importante el imaginario oriental, con figuras femeninas maquilladas al más puro estilo japonés, la mezcla de técnicas y la narración de situaciones que pueden ser cotidianas y absurdas. Si queremos extrapolar la mitología griega a nuestros días, no hay mejor referente que Miquel Sheroff . Con unos empastes exagerados y colores saturados, la obra de Sheroff nos transporta a un mundo mitológico para explicar nuestro mundo o, para acotar aún más, para explicar cómo se siente esta generación de artistas que bailan entre el desencanto, la irreverencia y el desequilibrio emocional. Sus obras narran historias pasionales con un trasfondo mitológico pasado por la criba de la iconografía actual. Fátima de Juan , artista mallorquina formada en la ilustración y el diseño gráfico, muestra la imagen de una mujer empoderada, lejos del prototipo de belleza cartesiana, sin complejos, con unos ojos enormes y colores muy vivos que representan la importancia de la feminidad y la relación que establece con la naturaleza. Su estética podría enlazarse con la de Jordi Ribes, que hace una pintura que recuerda a Henri Rousseau y que nos muestra figuras humanas sin rostro pero con personalidad, que es expresada por los atributos que les confiere. Atributos que pueden ser desde una barca hasta un ramo de globo de colores. Utiliza siempre los mismos fondos, con una especie de algas y troncos, haciendo referencia a esta relación del hombre y la naturaleza.

Obras donde destaca la profundidad de la naturaleza

Hombre y naturaleza. La relación que mantienen y el resultado de esta conexión es uno de los aspectos que sabe explicar muy bien Cesc Abad en sus trabajos, que destacan la profundidad de la naturaleza y su sublimitado. Las pinceladas espesas, expresionistas, directas y, en muchas ocasiones, espontáneas reflejan una obra que parece extraída de las entrañas del artista. En su eterna búsqueda de los secretos de la naturaleza, Cesc Abad se adentra en los bosques del Pirineo catalán para encontrar su esencia. Las flores, las ramas de los árboles, los insectos y la hierba más insignificante cobran vida e importancia en los lienzos, dejando toques de luz de forma estratégica con el fin de conseguir la atención del espectador. A todo este trasfondo, Cesc Abad añade el resultado de la relación del hombre y la naturaleza con grandes figuras de animales o figuras humanas que ponen la nota narrativa en la obra como si de un cronista de historias se tratara . Todo se muestra en una especie de comunión entre las partes en las que la figuración toma relevancia.

Balas pulidas y dulces

De nuevo aparece la estrecha relación entre hombre y naturaleza, como si se tratara de un estribillo. De nuevo aparece la necesidad de expresar el sentimiento del artista hacia la naturaleza. De nuevo surge la figura humana como epicentro de las historias narradas en sus obras. De nuevo, distintos mensajes son disparados hacia el espectador con balas de plomo llenas de azúcar. El plomo, por la fuerza del mensaje dado, y el azúcar, por la envoltura que narra las historias. Historias narradas con colores agradables, limpios, con técnicas depuradas que se alejan completamente de estilos precedentes, como el arte de posguerra, en el que los materiales empleados y los colores recordaban el dolor, el sufrimiento, la resistencia y, en muchas ocasiones, el aislamiento. Con la generación de plomo y azúcar, con esta nueva generación de artistas formados en distintas disciplinas, se edulcora la necesidad de establecer una relación sincera con nuestro mundo. Critican, pero desde el humor; reflexionan sobre nuestra sociedad, pero desde lo cotidiano; expresan emociones, pero desde su propia experiencia. Sin complejos, sin presión, combinando distintas disciplinas plásticas. Directos y desgarradores como una bala pero dulces como el azúcar. Es el momento de dar paso a la nueva generación de artistas, una generación de plomo y azúcar y dejarnos acribillar por balas pulidas, relucientes, directas y dulces, especialmente dulces.

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