El Museo Nacional del Cine de Turín presenta, hasta finales de mayo, la exposición Manifesti d’Artista, comisariada por Nicoletta Pacini y Tamara Sillo, un conjunto de 10 carteles cinematográficos de gran formato que abarcan desde el Futurismo de Prampolini y Scarpelli hasta la elegancia gráfica de Toddi y Vera D’Angara, pasando por la fuerza expresiva de Rodčenko para El acorazado Potemkin y el genio creativo de Baj y Guttuso. Una selección cuidadosamente articulada que recorre algunos de los momentos clave de la historia del cine a través de la publicidad.
De herramienta publicitaria a obra de arte autónoma, son estos, algunos de los carteles cinematográficos más importantes del cine mudo y sonoro, los protagonistas de esta exposición. Exposición que configura, en su conjunto, una narración sobre las relaciones entre el cine y el arte, estableciendo un diálogo constante entre disciplinas que beben de unas y de otras. De esta forma, cada pieza funciona no sólo como promoción de una película, sino también como testimonio de una época y de un lenguaje visual en evolución.
Las obras expuestas, pertenecientes a las colecciones del museo aunque en su mayoría presentadas por primera vez, evidencian un avance significativo en la creación de carteles publicitarios. En este proceso, los artistas de la época incorporaron a la idea de cartel un valor equiparable al de obra de arte, experimentando con tipografías, colores y composiciones que son espejo de las corrientes y del contexto. Así, los carteles adquirieron una autonomía artística que supera, aún más con el tiempo y en perspectiva, la función para la que fueron concebidos, consolidándose como piezas de colección y estudio.
La visión de cada artista está presente y se distingue en cada uno de los carteles del conjunto. En su alta capacidad de transformación creativa, en su aplicación al trazo gráfico y en su libertad expresiva, estos artistas, dedicados sólo ocasionalmente a la promoción cinematográfica, consiguen mostrar la vitalidad cultural de los años en los que vivieron y trabajaron. El resultado es una exposición que no solo documenta una práctica, sino que invita a reconsiderar el cartel como un espacio de experimentación estética y de cruce entre arte, industria y comunicación visual.